sábado, 31 de diciembre de 2011

Pintor de lienzos...



Él trabaja con todo el lienzo. Dibuja sobre él su idea y comienza a elaborar cada milímetro hasta que va asumiendo la forma que desea. Perfila las emociones haciendo temblar cada poro y, en ocasiones, vuelve varias veces al mismo punto porque desea realzarlo, concretarlo, darle el toque mágico que sólo Él puede otorgarle.

Cuando el esbozo está completo, comienza a pintar sobre él sus deseos: colorea de añil los mares; de rojo el alma; de lila la vida; de verde el miedo... Mezcla pigmentos con mimo, coniguiendo que cada tono sea exactamente lo que Él desea, que cada emoción salga exactamente de la manera en la que Él ha escogido.

Algunas veces el lienzo se queda mudo; los colores se apagan en la tela y es difícil saber qué pide, pero ser pintor tiene esas cosas y no desespera: vuelve al blanco y lo trabaja hasta que es la obra escondida en la materia la que brota pidiendo la luz necesaria para ser, exactamente, lo que subyace.

El pintor del alma, del cuerpo, tiene la paciencia de esperar a que surjan las luces, pero también el arrojo de no abandonar ante los blancos.

El lienzo tiene la suerte de sentir Su alma dibujando sobre él esos deseos.

El arte que surge de la comunión de ambos puede no responder a la idea de partida, pero es siempre el resultado de la magia de un viaje en compañía.

Pintor de mi cuerpo, de mi alma... 

...gracias por tu arte entregado.

martes, 20 de diciembre de 2011

Nostalgia



Echar de menos forma parte de la vida, porque echar de menos significa que hemos vivido algo precioso. Tanto que en un momento determinado preferimos pensar que fue perfecto. Pero no es así. Nunca es así. Las cosas terminan exactamente en el momento en que tienen que hacerlo. Nos alejamos de las cosas porque debemos hacerlo, porque alguna fuerza, algún motivo, nos encamina a ello más allá de lo que, en la distancia temporal, podamos recordar.

Es bonito pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero es mentira. No hay nada más bello que el ahora; nada que pueda estremecernos más que el viento, el aire, que corre hoy, que arrasa el cuerpo en este momento... Nada mejor que los rayos de sol de diciembre para decirnos que seguimos vivos y que hemos llegado a este punto por expreso deseo personal.

Echar de menos es revivir desde una perspectiva equivocada. Vemos lo que fue con los ojos de ahora, no con los de ese momento, y tendemos a agigantar los detalles preciosos, pero no nos acordamos de que hubo acontecimientos determinados que llevaron a alejarnos de ello.

A mi me sucede con muchas cosas: trabajos, amigos, amores... Pasado que es pasado. Vida que es vida. Momentos que ya no son lo que fueron, al igual que yo tampoco soy la de entonces.

Me acuerdo de una canción de Aute: "Miro el instante que ha fijado la fotografía; ríes con la timidez de quien le avergüenza en la risa. Quince años que sujeto entre mis brazos al compás del último disco robado. Nada queda en ese trozo de papel, todo es alquimia. Veo que es la prueba más veraz de que todo es mentira. Esos rostros ya no llevan nuestros nombres: son dos máscaras perdidas en la noche..."

Pero siempre... queda la música.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Quería decirte...




... que la vida junto a si se hace preciosa; que merece la pena subir montañas que nunca antes había escalado; que el cielo se ve más intenso desde que estamos juntos; que estoy aprendiendo a reconocer sentimientos que antes no tenían nombre en mi vida; que es bonito sentarme y pensar en todas las cosas que proceso; que me gusta verte sonreir; que es precioso que tengas razones para hacerlo; que no importa que en Roma no podamos visitar la torre Eiffel, porque ya hemos estado allí, una vez, la primera de muchas...

... que siento ser un desastre algunas veces; que ya me disperso menos; que me gustar estar sentada frente a ti cada noche, aunque prefiero tu carne que la pantalla; que me gusta tu voz en el teléfono, aunque prefiero los susurros que me estremecen; que sumo uno y uno y me sale un uno inmenso, infinito, aunque siempre es mejor cuando me tocas; que quiero seguir a tu lado y que seamos felices mientras tanto...

... que todo es mejor desde que estás en mi vida.

...desde siempre, Dueño de todo.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Hay sentimientos...



Hay sentimientos bellos que nos llenan de mariposas. Hay sentimientos que nos estremecen, que nos hacen temblar a millones de revoluciones por segundo. Hay sentimientos que nos llevan al final del mundo, donde sólo queda una misma, donde da igual cerrar los ojos que abrirlos porque allí la nada es todo.

Hay sentimientos que abren el corazón. Otros, la mente.

Hay sentimientos que desbordan; otros, que aplacan la ira. Algunos que la desbocan...

Hay sentimientos que nacen de saberse vivo y otros, de saberse muerto.

Hay sentimientos que abren la caja de Pandora y elevan los pies a metros del cielo.

Y hay algunos, unos pocos, que encienden bombillas...

... lamentable e irremediablemente.

lunes, 12 de diciembre de 2011

¡Mucha mierda!



Empezar un post diciendo que la vida es teatro queda mal, la verdad, pero hoy voy a hacerlo.

La vida es teatro.

Nosotros somos actores de una obra en la que vamos eligiendo el argumento. Sería algo parecido a una obra interactiva, una performance, en la que cada paso dado conduce a una serie de posibilidades y veta el acceso a otras.

El decorado sirve para ambientar pero en realidad no decide nada de la historia, salvo, quizá, que quienes protagonizan y observan crean más o menos en ello. Pero nada, oiga, que es sólo un dibujo en la pared.

El atrezzo es más de lo mismo: nos ponemos y quitamos máscaras y ropa para presentarnos de una manera determinada ante los que tenemos delante e incluso para creernos el papel que nos está tocando, pero la historia no cambia; la esencia de lo que somos es más allá de la apariencia.

El público observa y a veces no entiende nada, pero los personajes interactúan y se comunican trascendiendo las miradas curiosas y lejos de cualquier necesidad de explicación, desarrollan su historia en función de esas elecciones previas que han marcado el camino escogido.

Abrir la puerta, dar el paso, empezar una vida en los Jardines... Ensayo general permanente. Estado de gracia. Sueño, como la vida, como el teatro. Llega el día del estreno: nervios y alegría...

¡¡¡Mucha mierda!!!

Os quiero.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Los complejos físicos



Hoy hemos estado hablando algunas compañeras de trabajo sobre lo humano y lo divino y, entre bromas, unas nos preguntamos a otras (todas chicas, ¡ya ven!) qué parte de nuestro cuerpo evitaríamos enseñar en caso de poder escoger. Unas, el culo; otras, el pecho, la barriga, los pies...

Eso nos ha llevado de cabeza a hablar de lo que no nos gusta de nosotras y a mi me ha hecho pensar en algo terrible.

Todos tenemos partes de nuestro cuerpo que nos resultan maravillosas, al margen de que lo sean. Yo, por ejemplo, adoro mis pies, mi pecho y mi pelo. Me parece que son bonitos, que tienen encanto y puedo mostrarlos sin ningún tipo de pudor, más bien con orgullo, en cualquier ocasión que se precie. El resto de la gente puede que los vea como yo o no, pero realmente eso no modifica la imagen que tengo de ellos, porque me gustan, los miro y pienso en la suerte que tengo de convivir con ellos y, en cierta manera, me siento orgullosa de que formen parte de mi todo.

Pero también tengo mi pequeño "dolor": mi barriga. Al igual que con las cosas que me gustan la imagen que tengo de ella permanece al margen de lo que opinen los demás: la miro y preferería que fuera otra, más tensa, más lisa, más perfecta. Ha habido personas que han conseguido que me olvidara de mi barriga, pero sólo vida ha sido capaz de modificar mi idea de ella. En una ocasión, estando yo desnuda (jo, niña: va a parecer que sí somos lesbianas..) me tocó el vientre con inmenso cariño y me dijo:

. ¿Por qué no te gusta, shere? Es lisa, tersa y preciosa. -

Que sea, además, tamaño XL a ella, sinceramente, le parecía lo de menos.

Y aquello que me dijo con esto que hemos hablado hoy me ha llevado a una reflexión:

¿Por qué cuando nos quedamos desnudos delante de otros sólo vemos las partes que menos nos gustan? ¿por qué no nos centramos en esas que nos gustan por encima de todas? ¿por qué no mostramos con orgullo un todo que nos encanta en lugar de intentar evitar una parte que nos disgusta?...

Como en casi todas las cosas de la vida, tendríamos que cambiar el chip: construir en lugar de derribar.

Saludos de miércoles-viernes, preludio de un esperado puente.

martes, 6 de diciembre de 2011

Nunca nadie cometió tan alto error como aquel que no hizo nada porque sólo podía hacer un poco.



Esa frase, evidentemente, no es mía. He buscado en san google, pero no me devuelve respuestas, así que, de mano, les comunico que es de alguien que no soy yo.

Muchas veces pienso en todas las cosas que no he hecho, en lo difícil que sería llevarlas a cabo en el caso de que se diera la oportunidad de hacerlas y en cómo me manejaría en determinadas situaciones.

No crean que me bloqueo cuando lo pienso, ¡qué va!... En general soy mujer de retos y me gusta aceptarlos, siempre que me vea capaz de afrontar las consecuencias (por lo menos las previsibles) de realizarlos.

Pero... sí me entran dudas.

Como soy una mujer que cree firmemente en la comunicación, si ese reto implica a otras personas suelo decirles mis miedos, mis reticencias... pero no con el fin de evitar que ocurran, sino con el de avisar de en qué situación me encuentro antes de comenzar el camino, porque antes de empezar rutas desconocidas está bien que los compañeros de viaje sepan de qué punto se parte, ¿no creen?...

Pues eso: que a veces pienso que puedo hacer poco, pero nunca cometo el error de no hacer nada.

Saludos de martes-domingo en el que toca pensar que mañana ya es jueves.

Esperar


Esperar es uno de los verbos que más sensaciones evoca. Todos hemos esperado algo alguna vez, incluso muchas. A veces, puede que demasiadas.

Espererar significa una cierta actitud ante algo, un poco de intranquilidad por ese acontecimiento que intuímos, un poco de inquietud y de desvelo...

Uno puede esperar un desastre y entonces se eriza el vello, se alertan los sentidos, se dilatan las pupilas, se acelera el corazón: agudiza la parte animal para protegernos de lo que llegará.

Pero también puede esperar algo bonito; intuir belleza en ciernes, la llegada de alguien que se quiere, la llamada de alguien que se desea...

Esperar, en sí mismo, es sólo un verbo. Una puede hacer con su espera lo que le apetezca: puede disfrutarlo o echarse las manos a la cabeza; puede paralizarse o ponerse en marcha para tenerlo todo preparado.

No es lo mismo esperar un día concreto que uno indeterminado en fecha; no es lo mismo esperar a que toque la lotería que la paga extra; no es lo mismo esperar que se cumpla un sueño a esperar que no te duela la cabeza...

Esperar es esperar y, como todas las cosas de este mundo, hemos de intentar hacerlo disfrutando de ello.

Saludos de martes-sábado y de esperanza.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Confesiones



Para saber muchas cosas de mi misma lo primero que he tenido que hacer es aceptar que una es como es. Y esto no quiede decir que no deba intentar cambiar aquellas cosas que me disgustan, sino que debo partir de mi misma para llegar a mi misma.

Esto me recuerda que me debo una confesión. En realidad son varias, pero empezaré por la que me parece más inocua...

Me aburre mirar al mar.

Es una cosa que me sucede desde siempre. Las imágenes bucólicas de gente romántica mirando una bahía de ensueño sencillamente se escapan a mi capacidad de comprensión. He aprendido a vivir con ello y entiendo lo que la gente quiere decir cuando hablan del agua eterna, de los movimientos, de la paz, del encuentro con uno mismo... No sólo he aprendido a entenderlo, sino que además soy capaz de hablar en ese idioma, casi como bilingüe.

Me gusta mirar al mar un poco, un poquísimo. El ratín que tardo en empezar a sentir que hay muchos sitios mejores en los que pensar, que me tengo que planchar o el porqué de que las magdalenas que cocino no suban... ¿igual les falta levadura?... Ainsss.... que me disperso.

¿Ven? Eso me pasa. No puedo, sencillamente, sólo ver el mar.

En otras cosas me pasa lo mismo. No puedo, no me sale, no soy capaz, de observar quietamente cómo las vida transcurre sin más delante de mis ojos.

Saludos de sábado confesional.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Milagros ópticos, reflejos de ser

No sé si les pasa a ustedes, pero a mi últimamente me ocurre algo cuanto menos curioso: paso por casi todos los estadios de la vida en cuestión de horas. Tan pronto soy una niña como una señora de 103 años. Sinceramente, estoy algo desconcertada.

Les cuento...

Me siento delante de mi ordenador, cansada del día, del trabajo, de la gente que no sabe y dice, de los que saben y callan; de ir y venir; de hacer y deshacer; de arreglar lo que otros han estroperado y estropear lo que han hecho bien... Me siento agotada, como una anciana que llega al final de su vida intentando correr marathones...

Enciendo la cam y me observo... veo arrugas, el pelo lacio, ojeras que llegan más lejos que los ojos que miran; una boca pequeña que se cierra para no decir, para no sacar, para guardar esas pequeñas cosas que pesan en la frente...

Y entonces, de repente, en la pantalla aparece su imagen: un hombre joven y maravilloso que me mira desde el otro lado y sonríe sin darse cuenta de que soy tremendamente vieja, de que no soy la chica a la que despedía el día anterior, de que este ser que le mira desde el otro lado está cansado de tanto andar y ha vivido veinte vidas desde que se despidieron 24 horas antes.

Pero sonríe. Le da igual la imagen: sólo importa el contendo, la esencia, que no ha cambiado, que sigue inquieta, ávida, emocionada... y, de repente, desaparecen las arrugas y la boca vuelve a relajarse; los músculos de la cara se formalizan en los cuarenta años que tocan y a los ojos vuelve una mirada conocida, un brillo perfecto, una sonrisa permanente...

Me susurra algo y entonces se encienden las bombillas de los ojos, y el corazón vuelve a latir a 80, como tocaba antes, como debería tocar ahora, que rejuvenezco, que siento la piel lisa sobre pómulos robustos.

El pelo se alisa y comienza a coger formas preciosas que dejan bella ante sus ojos, ante la mirada de quien ha convertido mi apariencia, ante el hacedor de milagros.
La imagen que me devuelve la pantalla coincide exactamente con lo que vivo cuando te siento.

...desde siempre.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Anoche


Hay noches que son poesía, que una vive sin ser demasiado consciente de la magia que la envuelve, sin saber a ciencia cierta si en verdad hubo un antes o sólo recordando con nitidez que hubo un después...

Hay noches que una se deja llevar, lejos de quien ha sido, lejos de los pensamientos, del racionalizar cada paso, de pensar cada movimiento, de ser yo, yo, yo... Y se pasa, como por arte del arte, a ser un tú que luce el cuerpo del yo, a volar por el Universo como una pompa de jabón, llena de vida, de reflejos, de luz, de deseos, de arte, de vida... Una pompa que nace de las manos de quien crea, de quien sopla, de quien se esfuerza por unir el jabón, el agua, el aliento en un sólo ser que se aleja en el cielo.

Bastaría un suave toque de un dedo para romperla en mil pedazos, para destruir la burbuja preciosa que vuela, pero las manos que la crean desean que siga volando y esperarán a que estalle por sí misma para ponerse debajo y recoger las gotas en el cuenco que elaboran para recibirlas.

Hay noches que una se convierte en pompa de jabón y se deja llevar por el viento hasta lugares que desconocía; noches que mecen el alma en un acunar delicioso, lleno de paz y de turbulencias...

... y lo más maravilloso de esas noches, lo que hace que sean mágicas, no es sólo el infinito viaje hacia ser no siendo, sino que quien estuvo creando espere la vuelta para acoger en su regazo.

Gracias, Señor... desde siempre.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Engranajes


Al igual que las máquinas, las relaciones humanas están llenas de engranajes (más o menos complejos) de los que dependen, por los que funcionan. El principal de todos es la comunicación, siempre. Por mucha cantidad de piezas que tenga, por mucha dificultad que tengamos en entender cómo se ensamblan unas con otras, al final todo se reduce a dos piezas que deben encajar. Dos a dos todas, siempre.

Cuando se monta la máquina hay que tener especial cuidado en que las piezas encajen exactamente como deben hacerlo; que cada diente corresponda con la hendidura entre los dientes de la otra pieza; que se muevan libremente, sin roces que provoquen demasiada temperatura, pero controlando que la holgura tampoco desboque el mecanismo.

Uno debe tomarse su tiempo en montarla y perseverar si es que quiere que funcione. Porque a veces dan ganas de dejar la máquina por un engranaje, y tenemos el absoluto derecho de negarnos a perder el tiempo y la energía en cosas que nos minan. Siempre podremos seguir con la vida que teníamos, sin esa nueva incorporación que ya no nos merece la pena.

Sin embargo, el hecho de haber empezado la creación de una nueva máquina supone que hemos puesto ilusión en ello, que deseamos que funcione, que queremos ver esas ruedas dentadas uniéndose felizmente y haciendo que todo vaya. Y, sinceramente, las dificultades del montaje no deberían pararnos.

La comunicación es fundamental entre aquellos que empiezan una relación. Y sé que es uno de los enunciados más conocidos de Perogrullo, pero no por eso deja de ser necesario recordárnoslo.

Todos los pequeños resquicios que dejamos de lado pensando que se salvarán en el futuro acaban creando una holgura interminable entre las piezas. Hay que esforzarse en encajarlas, en no dejar nada al azar, en mirar cada diente de cada rueda para que las dos comiencen a funcionar desde la perfección.

Con el tiempo las piezas muestran signos de deterioro. Normal. Pero la máquina ya funciona y es fácil saber dónde está el problema. Ya anda y sólo es cuestión de detectar el origen y arreglarlo.

Una nueva máquina, con todos los engranajes, supone muchas puestas a punto; muchos pequeños detarlles; mucho esfuerzo. Nadie ha dicho que sea fácil, pero sí que merece la pena montarla en condiciones.

Buenos días. Saludo de domingo en el que sólo importa que ayer engrasamos y encajamos uno de los mecanismos.

... desde siempre.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Ser virtual



A pesar de todo lo que me gusta internet, de lo muchísimo que disfruto escribiendo en los blogs y de la alegría que me da chatear, he descubierto que no soy un ser virtual.

Me explico:

Veo toda esa faceta de mi vida como un juego, divertido y maravilloso, en el que soy una parte de mi que me gusta, que me nace de dentro, que me hace pensar en facetas que normalmente no saco a la luz. Pero no es mi realidad.

Yo necesito saborear los cafés; necesito quemarme la lengua por haberlos tomado demasiado calientes; necesito sentir que se me olvidó endulzarlos y el sabor resulta amargo... Y puedo jugar a que me tomo uno, como cuando de pequeña jugaba a las casitas, porque tengo ese sensación en la memoria y me resulta fácil pretender que es real;pero en cuanto pasa un tiempo, el justo de unir mis dedos como asiendo una taza imaginaria, el café virtual se convierte en aire y me canso de pretender que tomo un café que sabe a nada.

Soy carnal. Necesito besos sentidos en la piel; miradas que me traspasen; mordiscos que me enerven; brazos que me rodeen; ojos que me vean, que ver...

El mundo virtual es una maravillosa posibilidad de conocerse a uno mismo, pero sólo como una aproximación a esa parte que tenemos miedo a descubrir en la realidad. Por supuesto que soy lo que parezco en la red, pero no soy sólo eso.

Nunca estoy triste, nunca enfadada, nunca demasiado alegre. Porque, cuando ocurre eso, lo que me menos me apetece es que otros seres jugando a las casitas me inviten a café. Lo que quiero, en esos momentos, es que me hables, que me mires a los ojos, que me abraces, que me desnudes cuerpo a cuerpo y huelas lo que siento; que veas brillar mis ojos, sonreir con ellos...

Y esos miedos que afloran en casitas hechas de cartón dejan de existir cuando me tocas; la pasta que saboreo, un poco picante sin serlo demasiado, quema en mi boca cuando tus manos han manjeado los ingredientes; cuando se ha hecho demasiado porque estábamos en algo mejor mientras se cocía...

Me encanta la vida virtual, mucho. Muchísimo.Me da la oportunidad de conocerte, de conocerlos, de aproximarme...

...para que este yo que sí se alegra infinitamente, que se desconsuela, que se despista, llegue a quemarse los labios con el calor de un café a tu lado.

Saludos de sábado virtual en el que tengo que salir corriendo para comer tortilla.

Os quiero, les quiero... (por cierto, ¡bienvenida a laprincesa{Celta}): está en su casa, como todos).

A ti... desde siempre.

jueves, 17 de noviembre de 2011



Cuando se comienza una relación hay momentos de inestabilidad propios de ese principio, del desconocimiento natural y de los miedos de mostrarnos como realmente somos ante alguien que, probablemente, nos ha inventado de una manera muchísimo mejor de la que hemos hecho nosotros mismos.

Y, por lo menos a mi, esa sensación me incomoda temporalmente. Quiero decir que me resulta poco confortante tener que estar explicando continuamente cosas que a mi me parecen de lo más normal, pero es lógico tener que hacerlo porque la otra persona sólo tiene parte de la información global. Normal. Supongo que Él se ve haciendo lo mismo desde el otro lado del espejo.

Y hoy, por ejemplo, me dice que hay cosas que no comprende; que hay datos que le he dado de manera parcial o que he omitido alguna información.

Pues, sinceramente... es probable que hasta tenga razón. En los comienzos de las relaciones hablamos de cosas que suceden en ese momento. El pasado que ha llevado a ello no suele ser demasiado trascendente en algunas cosas y no suele ser necesario hablar de ello. Por otra parte, aquello que no detallábamos porque no teníamos por qué pasa, en un segundo, a cobrar importancia y todo aquello que dijimos en un momento determinado, cuando Él no era Él y yo no era Él, hace que lo dicho hoy tenga poco sentido.

Entiéndanme, por favor: el principio, el origen de las cosas no se conoce milagrosamente de la noche a la mañana. Hay que hablar, escuchar, observar y preguntar mucho antes de que el pasado (clarísimo para quien lo vivió, se supone) tenga cuerpo y sentido para quien era ajeno a esa vida.

Es probable que al principio se escuche muchas veces "No lo entiendo". Y no sólo es normal, sino que, además, es necesario. El movimiento se demuestra andando. La vida, viviendo. Las parejas, conociéndose.

Hoy, día de algún que otro No entiendo salido de su boca sólo puedo decir que Le quiero, que todo irá bien y que cada vez que preguntamos y escuchamos la respuesta estamos a menos distancia del futuro.

...desde siempre.

gonzoletta.

Harta

¿Por qué los seres humanos tenemos ese tremendo sentido de la pérdida? ¿por qué no podemos entender que alguien puede haber escogido una cosa al margen de nosotros? ¿por qué no podemos apoyar a quien tanto queremos en una decisión que nos excluye? ¿por qué no podemos, sencillamente, desear que la otra persona sea feliz, al margen de que las causas que le lleven a ello no tengan que ver con nosotros?...

Cuando ocurren estas cosas (¡y ya van dos a lo largo de la semana!) a mi me entran ganas de parar el mundo y bajarme; me nace una imperiosa necesidad de salir volando y desaparecer un ratito del mundo, hasta que sea capaz de entenderlo todo, hasta que llegue al equilibrio del bien y el mal en mis pensamientos y recuerdos.

Todas las relaciones que hemos tenido han pasado por momentos mejores y peores. Por definción. Porque las cosas tienen que ser así. Porque no pueden ser de otra manera.

Y, sin embargo, cuando entramos en esa guerra de hacer daño, de molestar, de morir matando a quien queremos, empiezan a desdibujarse las que estaban fijadas con sonrisas y resaltan en un luminoso las bañadas en pena. 

Por eso me gustaría, en esos momentos, salir volando: para poder verlo todo desde otra perspectiva, para poder entender qué nos lleva a ese deseo de infelicidad ajena cuando se está al margen de nosotros.

En fin... pensamientos de jueves cansado, post otra vida y pre descanso.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Mi baño


Después del día ajetreado, de los nervios y demás que suelen acompañarme en situaciones que considero relativamente delicadas, ahora toca ponerme manos a la obra.

Ayer me bañé. Así dicho no tiene mucho de especial, la verdad. Darse un baño es un lujo que debemos dosificar, pero que todos nos pegamos de vez en cuando, ¿no?...

Sin embargo he de decir que mi baño de ayer fue muy especial. Primero porque el momento en el que lo hice no fue escogido por mi, sino por el Dueño de mi cuerpo; y segundo, porque todo lo que ocurrió en él fue compartido con Él.

Tal y como se me había dicho, ordenado, sugerido o como quiera que se diga lo que fuera que fue, después de terminar mis rutinas postcena, abrí el grifo de la bañera y eché sales de baño. El agua lo puse muy caliente, al máximo, porque para enfriarlo siempre hay tiempo y porque me gusta ir adaptando la temperatura del agua a la del cuerpo y a la inversa. ¡Cosas que tiene una!

El gel que eché para la espuma era de la línea de aromaterapia y lo escogí por el color: entre morado intenso y rojo pasión. Me gusta ése, especialmente para momentos de deseo, de descanso.

Cuando el baño se hubo llenado hasta donde me pareció adecuado, pensé en ti y te dediqué una gran sonrisa... el momento había empezado ya hace rato, pero fue entonces cuando pensé que te gustaría estar físicamente a mi lado.

Encendí las velas, muchas, todo como en una película romántica, y me desvestí. Un pie dentro... quemaba... templarlo. Dejar correr el agua hasta que la temperatura era la ideal y, entonces, entrar en él con la sensación de que algo tocaba todo mi cuerpo, algo más allá del líquido... Es curioso que alguien pueda estar sin estarlo, ¿verdad?...

El calor, el vapor, las sales, los pies calentitos dentro, la cabeza apoyada en un lado de la bañera y tú acariciándome, sin más intención que la de ser consciente de que estábamos allí los dos, yo dejándome y tú llevándome. Precioso.

Era una sensación tan bonita y un momento tan relajado que me quedé dormida como si nada en el mundo importara, como si todo se redujera a ese tú que miraba a ese yo que se desvanecía en tus brazos.

No sé cuánto dormí. Tampoco importa. La música que había llevado seguí sonando cuando me desperté, las velas aún estaban encendidas y el agua seguía siendo un lugar agradable donde estar, así que te hice caso y cogí el teléfono de la ducha. Templé el agua que salía de ella y me dediqué a recorrer todo mi cuerpo como si fueran tus manos, o tu boca, las que lo estuviera haciendo.

En un momento, sentí cómo te parabas en mi sexo, cómo te deleitabas, cómo notabas el calor que comenzaba a desprender... y, sencillamente, me dejé llevar por tus manos que habían cogido la forma de las mías, que me acariciaban sin pudor y sin medida, mientras que el agua que salia del teléfono campaba a sus anchas por ese territorio.

Sólo disfrutar, sin metas, sin necesidad de que las cosas acabaran de una manera o de otra; sólo sentirte, sentirme, saber que me llevabas, que jugabas conmigo, que me hacías perder esa tremenda y arraigada sensación de pensar, pensar... pensar. En ese momento sólo era sentir, sentir... sentir.

Y así fue... tú y yo, sintiéndonos.

… desde siempre.

martes, 15 de noviembre de 2011

Armarios mágicos



En una de las entradas anteriores les hablaba de mis armarios mágicos. Supongo que ustedes también tienen alguno, como todo el mundo, al igual que una habitación de gritar o cosas de esas que nos demuestran que, a pesar de haber muchas razas humanas, en realidad tenemos esencias comunes.

Mis armarios mágicos comen. Se alimentan de ropa y utensilios variados. No conocen el pudor ni la propiedad privada. No entienden de prisas ni de lamentos. Poco a poco vas depositando en ellos aquellas cosas que aparentemente tienen poca importancia y las dejas olvidadas en los rincones. Nunca sabes con certeza qué habrá hecho con ellas el armario, pero estás segura de que las habrá encontrado el lugar que les corresponde.

En mis armarios mágicos aparecen, como si fuera lo más normal del mundo, recuerdos antiguos justo cuando era necesario encontrarlos, cuando la memoria empezaba a flaquear y se perdían aquellas recuerdos en la laguna del presente. Hoy ha surgido una barra de madera. La verdad es que no me acuerdo muy bien de su función, ni siquiera después de haberle dado varias vueltas al tema, pero el caso es que me ha llamado por mi nombre y me ha dicho Eh, shere, ¿no te acuerdas de mi? Fui la ilusión de un momento, la constancia de que alguien creó algo para ti, la necesidad de otro de poseerte, de atarte a su vida, de separar tus piernas... Ahhhh, claroooooo... Ya me acuerdo.

Fue un regalo. Nunca llegamos a usarlo, creo. Pero me gusta saber que existe y no quiero que desaparezca. El pasado es maravilloso cuando se sabe digerir y se decide aprender de los errores que se cometieron; cuando se pone una manos a la obra y disfruta de las sonrisas que había detrás de cada acto o deseo...

Mi armario mágico, como siempre, me ha dado lo que necesitaba para no caer en el horror del rencor. Y se lo agradezco.

Me pregunto qué me desvelará mañana.

Saludos de martes agotador, pensante y preocupado.
No siempre es fácil describir lo que una siente, así que se acude a imágenes generales para poder ser entendida por los demás. Sin embargo, hoy siento la necesidad de explicarles (a ustedes, que son literalmente cuatro personas) qué pasa por esta cabeza, por este corazón, por este cuerpo que ya no es mío, que nunca lo ha sido...

Desde ayer suena en mi cabeza una canción de Víctor Manuel: Pablo y Juana.

Les cuento, empleando para ello la letra de esa canción:

Hablan con los cuerpos, las miradas, nada importa alrededor

Porque muchas veces olvidamos que hay palabras que no se dicen, gestos que abarcan el Universo, abrazos que devuelven la Fé, miradas que encuentran secretos, silencios que marcan el corazón, besos que arraigan a la Tierra, mordiscos que arrancan carne pero devuelven vida... Y Él consigue que todas estas cosas y muchas más tengan sentido. Consigue que no importe nada que no sea Él, yo, nosotros, ese espacio-tiempo que nos rodea y eterniza.

Viven en lo límites del tiempo y son mucho más que dos.

Porque no somos dos solos en el Universo: somos todos los que fuimos, los que encontramos, los que perdimos, los que viven juntos a nosotros, los que nos encontramos por la calle y despiertan nuestros ojos, los que cantan y hacen que la vida tenga banda sonora, los que pintan los colores, los que riegan nuestros campos, los que escuchan, los que hablan, los que amamos, los que amamos... los que amamos. ÉL es un siempre que ahora tiene sentido. Yo soy Él en este tiempo, que es precisamente el de la coindidencia, pero no el de la existencia, que es desde siempre, desde que fuimos, desde el primer momento en que todo tuvo luz.

Tienen quince años... 

La ilusión, las palabras, esa sonrisa que nace sin aparente porqué debajo de una cara con alguna que otra arruga, pero joven... inmensamente joven a su sombra, a su luz, debajo de ese saber que existes, que nos hemos encontrado (¡por fin!)... en estos quince años del alma.

...contra todos los que hicieron del amor una obligación, un papel firmado, unas palabras, un asunto sin valor

No es algo que deba ser, sino que existe al margen de todo. Un sentimiento que excede las palabras, que cuesta definir porque se queda en lo hondo; un camino que no tiene destino si no es Roma, donde todos se cruzan, donde se encuentran peregrinos, donde los amantes se besan dando sentido a años de historia olvidada hasta entonces...
No firmaremos papeles que determinen. No hace falta, No es necesario... el vínculo existe más allá de las promesas. 

Ellos que improvisan la mañana de aquel parque en un rincón

En cualquier rincón siempre es amanecer, despertar, conocer, descubrir... Sus palabras, sus gestos, su vida regalan flores, árboles, savia brotando de una luz que despierta el día... todos los posibles concentrados en la consciencia de que amanece.

que se presintieron siete meses hasta verse en un café, por primera vez

No sé cuánto tiempo nos hemos presentido. No sé si alguna vez hemos sido conscientes de que lo hacíamos, pero el hecho es que ahora, que ya estamos, lo sabemos. Da igual el tiempo que hubo antes: no importa cuántos días hayamos tenido ni cuánto hayamos esperado... sólo que merece la pena haber vivido todo lo anterior para llegar a este ahora de esta manera. Sólo que, en un momento, llegamos. Nos encontramos en la casa de la vida, o de vida (que no es lo mismo, pero es igual), por primera vez. Estabas allí, increíble, sentado. Tan lejos y tan cerca... La primera vez, la única, porque ya nunca nos hemos vuelto a separar... nunca.

Pablo y Juana hicieron explosión

Tú y yo dejando toda la metralla fuera de nuestras vidas; a solas con la sensación de algo infinito haciéndose paso en lo sencillo, en la risa, en los llantos, en los abrazos...

fue de corazón a corazón

como son todas las cosas verdaderas: de un centro a otro, directamente, sin pasar por racionalidades ni definiciones. Sólo un corazón frente a otro, desnudándose, despojándose de las locuras y de las corduras inmovilizadoras. Sólo Tú y yo. O sólo Tú... da igual.

Tejen su red de miradas,

Porque es necesario crearlas, saber qué piensa el otro, descifrar en el lenguaje de los ojos... Y es necesario que sea una red, que tenga sentido con todos los ovillos colocándose, que se cree poco a poco, que sostenga, que aguantem que sientas como la red abarca tu mundo por completo...

se estudian, se estrechechan, se acoplan

Aunque no hace demasiada falta que nos estudiemos. Esta sensación de conocernos desde siempre hace que sea innecesario, pero lo hacemos. "Yo quiero que me conozcas", te dije, "soy la primera y más interesada en que lo hagas de manera fervierte" y por eso estoy constantemente desnuda, lejos de recelos, de miedos, de angustias innecesarias. Estúdiame si así lo deseas, pero ya tienes el doctorado...

inventan la vida y después...Pablo y Juana hicieron explosión.

Inventar la vida no es más que sentirla, saberla dirigirse a donde uno quiere sin dejarse condicionar por los detalles en los que, a veces, nos perdemos. Tú inventas la mía con Tu existencia. Nosotros damos sentido a lo que somos, a lo que fuimos; sentamos las bases de lo que seremos, creamos caminos andando, conociendo, diciendo, soñando, compartiendo ese todo que somos y resulta más en compañía.

Toda la ciudad se reducía a unas hojas de papel: ella le dejaba algún mensaje y recogía los del Él

Toda la vida se redujo, en ciertos momentos, a leer el ascenso o descenso de nivel; a tus escritos, a los míos... a saber que pensabas en mi mientras las teclas viajaban debajo de tus dedos; a que mis pensamientos navegaban hacia tus ojos a través de palabras escritas; a las respuestas anheladas, a un privado que se abría como por arte de magia en mitad de una charla que se convertía en nada tras la aparición del saludo en la deseada ventana.

...hasta que una vez se descrubieron en la misma habitación escribiéndose.

... Pero un día llegaste y entonces coincidimos en la misma habitación, compartiendo mesa, risas, pensamientos... Luego, más tarde, tras un precioso fin de semana, coincidimos en la misma entrada, escrita cada uno desde sus ciscunstancias, diciendo lo mismo, agradeciendo a la vida habernos encontrado, habernos visto, compartir palabras en el mismo tiempo.


Fue como mirarse en un espejo y quedar prendido en él

Y todo cobró sentido. Te miraba y era difícil pensar que existieras de esa manera. Si hubiera dibujado a alguien hubieras sido tú desde todas las perspectivas, con todos los detalles... ese ser que coincide exactamente con quien yo hubiera inventado. Milagro. Maravilla. Sorpresa. Miedo. Todos los yoes que había salieron a la luz a descubrirte, a ser descubiertos, a sentir que era real esa idea, la imagen eterna de quien se sueña sin ser consciente.

Fue como expulsar todo el deseo por los poros de la piel

Me besaste, me quisiste, me arancaste los miedos uno a uno, a mordiscos, a dentelladas, a caricias... Cada poro de mi piel pedía tu existencia. Cada poro de tu piel buscaba la mía. Dos cuerpos recipientes y dadores, sin tapujos, de un deseo albergado durante años. Unos dedos que hurgaron el alma mientras encontraban placer anidado. Unos silencios que encontraron calderones donde relajarse y excitarse al mismo tiempo.

Fue volar prendido a una cometa hasta una nube de algodón columpiándose

 No sé cómo son las nubes de algodón, pero sí cómo es estar en tus brazos, en tus manos, a tus pies... El mejor lugar del mundo para vivir, para sentir, para decir, para escuchar, para callar, para desear... Volamos hacia una vida que escogemos, que dibujamos, que deseamos. Puede ser una nube de algodón o un lecho de pinchos. Da igual: será maravilloso de todas maneras y Tus manos me mecerán y las mías se estercharán con las tuyas para sentir el vuelo, el columpio, la brisa que nos besará mientras ascendemos.

Tú y yo hicimos explosión: fue de corazón a corazón.

jueves, 10 de noviembre de 2011

La mujer de Juan


El otro día estuve hablando con María de la importancia de las palabras. Resulta que en el trabajo soy la representante para la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres (¡qué cosas, oiga!) y he tenido que documentarme mucho sobre ello. Como tengo una cierta filia con las palabras y es el lugar donde más cómoda me siento, fui directa a los estudios que hay sobre esto en el tema que me incumbía.

Mucha gente se ha dedicado a pensar, la verdad. Mucho y bien. Después de unos 400 folios introductorios al tema (ya ven cuánto puede ocupar el lenguaje que trata del lenguaje) llegué a varias conclusiones interesantes:
1. No sé nada del tema.
2. Me soprendo con palabras o expresiones sexistas todos los días.
3. No somos conscientes de la importancia de las palabras.
4. Debemos cuidar el lenguaje.
5 El subconsciente sale a la luz, muchas veces, en forma de la palabra escogida y cambiando ésta se puede modificar el pensamiento o, cuanto menos, ser consciente del mismo.

No voy a intentar explicarles el porqué de estas conclusiones, dado que me llevaría casi más tiempo que la lectura de las introducciones, pero sí les voy a contar algo que tiene que ver con el lenguaje y que a María y a mi nos hizo reir.

Cuando era pequeña solíamos ir a comprar las cosas de droguería-perfumería a una tienda que había en la calle que bajaba a mi colegio. La mujer que lo llevaba era esposa de un hombre llamado Juan que tenía otra tienda parecida en el barrio en el que se había criado mi padre. Como es de suponer, Juan había entrado en nuestras vidas (porque para esos temas la familia es una piña y mi padre le conocia desde niño) mucho antes que su mujer, que acabó siendo conocida en mi casa como Lamujerdejuan. Sin  Apellido. Sólo nombre de pila: Lamujerdejuan. Estuvimos yendo allí durante años, muchos, tantos que luego marcharmos a la Universidad y seguíamos parando allí para comprar algunas cosas. Luego, con el tiempo, los centros comerciales y las grandes superficies fueron comiendo el terreno de las tienducas de barrio y Lamujerdejuan cerró.

Habían pasado algunos años desde entonces. Yo tendría unos 27. Un día de esos que toda la familia se reune a pegar la manga en casa de los progenitores, nos acordamos de ella. Hacía tiempo que ninguno de nosotros la veía y mi padre nos contó que había coincidido con ellos (Lamujerdejuan y su marido) por su barrio, que les iba bien y bla, bla, bla... Entonces a mi se me encendió la bombilla maravillosa que brilla por su ausencia y pregunté (porque siempre he sido muy curiosa):

- Por cierto, ¿cómo se llama el marido de Lamujerdejuan? -

Claroooooo... En cuanto mis palabras claras e inteligentes salieron de mi boca sucedieron dos cosas, por este orden:

1. Toda la familia se echó a reir.
2. Entendí que acababa de decir una tontería.

Y luego, después de reir y reir y reir, mi hermana y yo hablamos de ello: Lamujerdejuan en realidad nunca tuvo nombre porque siempre fue algo funcional. Nunca nos planteamos que pudiera llamarse de otra manera que no fuera aquella de la que la habíamos bautizado. Nosotros íbamos a esa tienda y no a otra cualquiera porque era de la mujer de Juan (ya saben ustedes que en los barrios eso de conocer a alguien implica ciertas responsabilidades), y eso fue lo que nos vinculó a ella.

A mi hermana y a mi nos pareció muy triste que esa mujer a la que sí conocíamos tuviera como nombre una referencia a un vínculo con un ser al que no conocíamos de nada, salvo de oídas.

Y entendimos, las dos (seguro que yo mucho más tarde que mi hermana) que a veces las palabras cogen un significado más allá del semántico, uno que bautizamos de nuevo y nadie, salvo aquellos implicados en el tema, puede comprender.

Lo que empezó siendo una frase de cuatro palabras acabó siendo un nombre propio, sin que nosotros (por lo menos yo) fuéramos conscientes de ello.

Por eso debemos medirlas, para evitar que salgan de nuestra boca sin que la consciencia haya intervenido.

Un saludo de jueves expectante. Les quiero a los cuatro.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Tormenta


Así ha estado mi vida en los últimos días. Una tormenta en ciernes, preludiada por momentos de no saber qué pasaba, dónde ir o qué estaba sucediendo en mi interior. A veces, un calor intenso que empapaba el alma y predicaba el rayo que ha llegado.

En mi viaje a Madrid revelé cosas que tenía dentro, pero todavía quedaban muchas que descubrir, claro que yo no lo sabía.

No es que me haya negado nunca las cosas que me han sucedido, ¡faltaba más!, pero sencillamente no las recordaba. Sin embargo, desde las confesiones con maría todo se ha ido precipitando.

Ayer volví a hacer meditación. Llevaba tiempo sin dedicarme a ello y ha sido el último de los detonantes. Hoy ha venido a mi presente la pieza que faltaba del puzzle, algo que da sentido a acciones y reacciones de gente que no soy yo, pero a la que quiero tanto que forman parte de mi como yo misma.

Y ha sido un día en el que ha tocado digerir. He llorado intensamente(¡madre, en estas dos últimas semanas he llorado más que en los últimos seis años!) y lo he hecho de esa manera en la que dejas que las lárgimas se lleven lo que quiera que sea que sientes. No era pena, ni lástima, ni nada que se pueda asociar a ello. Eran lágimas, sin más. Sentimientos pasados emergiendo por ojos presentes.

Me ha sentado bien llorar. Al principio era el llanto tímido de quien no quiere ser descubierto, de quien en realidad no quiere descubrirse, pero luego ha explotado dentro, se ha derramado... el milagro de la curación de la memoria.

La vida, mi maravillosa vida, no cambia por ser consciente de algo pasado. No. Es preciosa en sí mismo, con la gente que siento, con la que me siente, con los que vienen, con los que van, con el trabajo, mi mariposa, mi luz, mis todos...

No importa que en un momento determinado las cosas fueran como hoy las he descubierto. En realidad, el pasado ya no tiene sentido. Lo que importa es que hoy entiendo cosas y ésas me llevan a entenderla a ella y a mi, en esa extraña relación que tenemos desde siempre; en ese amor-odio que hoy tiene componentes de culpa.

Mi vida es preciosa. Lo ha sido siempre. 

Incluso hoy, que he llorado intensamente.

Ahora siento que se acabó la noria... por fin.

Señor Baalkiss, vida: gracias a los dos por haberme acompañado en el recuerdo. Brindaremos por saber que todo vale sólo en función de lo que nos acerca o aleja de aquellos a quienes amamos.

Os quiero.

martes, 8 de noviembre de 2011

Quiero que tus manos me modelen...

Éstas serán tus manos, si así lo deseas. Moldearán el barro que soy para convertirlo en aquello que puede llegar a ser. Hay mil y un formas posibles; mil y una maneras de que cobren el sentido que hará que seas feliz. Y te mancharás. En ocasiones creerás que no merece la pena tanto barro en las manos, tanto trabajo para un detalle... pero el resultado será proporcional al esfuerzo que emplees en crearme. Yo me dejaré llevar, dejaré que mojes cada poro que me crea, que de deshagas a tu antojo para crearme desde la nada que nacerá de tus manos.

Quiero que tus manos me modelen...

lunes, 7 de noviembre de 2011

Siento...



Siento...
 
Siento que mis amigos sufran.  Siento que la vida es injusta. Siento que tengo losas en la cabeza que me aplastan sin piedad. Siento equivocarme, Siento tener razón en ocasiones. Siento que me duela el alma. Siento que mi vida se aleja. Siento que tengo fiebre y hasta hace media hora veía hormigas corriendo por las paredes. Siento que me faltan horas para vivir. Siento que me crece el corazón y me mengua la cabeza. Siento que la vida era una y ahora es otra, y las dos son preciosas, pero echo de menos la que ya no tengo al igual que echaría de menos la que que no hubiera escogido. Siento pensar. Siento que las ideas me vengan con claridad pasmosa y sean, exactamente, la realidad. Siento que unos hablen sin saber y otros tengan que escuchar sabiendo. Siento que haya gente que no quiera saber algunas verdades. Siento que no se entiendan mis palabras. Siento que quien las entiende nos las quiera escuchar. Siento que hay música que me mueve el alma. Siento que hay libros que me despiertan y otros que me duermen. Siento que me muero y que vivo. Siento que las palabras se agolpan y no salen ordenadamente. Siento que siento y que siento sentir. Siento que quiero y que hay amores que son eternos, aunque sólo duren una vida. Siento haber perdido amigos por el camino. Siento que he encontrado piedras preciosas. Siento que hay gente que me quiere. Siento que tengo suerte. Siento pena. Siento que, por primera vez en años, echo de menos. Siento ausencias. Siento presencias. Siento ganas de llorar y que, cuando me caen las lágrimas, me encuentro mucho mejor. Siento que hay cosas que me emocionan por bellas. Siento que ya hay cosas que ahora me son indiferentes, pero fueron horribles y otras que fueron hermosas y ahora ya ni siquiera son. Siento que sigo cosificada pero inútilmente. Siento que me humanizo a cada paso y pierdo mi esencia de geráneo. Siento que no me comprendes y que puede que nunca lo hagas. Siento miedo. Siento ganas de callarme, pero necesito hablar. Siento que me has traicionado, que me has abandonado, que me has dejado sola en este mundo. Siento que fuimos dos y uno, tipo milagro pero sin trino. Siento que nunca dejaremos de serlo. Siento que la fiebre me vuelve. Siento que quiero descansar como la Bella Durmiente, aunque no crea en príncipes salvadores. Siento que no existan, pero me alegra porque me da pereza estar siempre impecable por si toca el beso que cambiará mi muerte. Siento que me gustan los cuentos, aunque acaben mal, porque la sirenita, en realidad, muere de tanta entrega. Siento que me emociona la gente que se entrega. Siento que haya gente que nunca lo haga. Siento que hay horrores que modifican el alma y almas que cambian la vida. Siento que hay cuerpos que devoraría y mentes que me apagan. Siento que nunca me volveré loca porque lo estoy desde siempre. Siento que falta ya poco para sentarme en el suelo. Siento que necesito que toques mi pelo, que me beses, que me hagas olvidar que siento...

Siento a Dean Martin en mi cabeza, cantando "gentle on my mind" mientras Sabina le replica "le di mis noches y mi pan, mi angustia, mi risa..." y una música simultánea, Messiaen... Cuarteto para el fin de los tiempos...

...belleza naciendo de lo imporible.