jueves, 1 de diciembre de 2011

Milagros ópticos, reflejos de ser

No sé si les pasa a ustedes, pero a mi últimamente me ocurre algo cuanto menos curioso: paso por casi todos los estadios de la vida en cuestión de horas. Tan pronto soy una niña como una señora de 103 años. Sinceramente, estoy algo desconcertada.

Les cuento...

Me siento delante de mi ordenador, cansada del día, del trabajo, de la gente que no sabe y dice, de los que saben y callan; de ir y venir; de hacer y deshacer; de arreglar lo que otros han estroperado y estropear lo que han hecho bien... Me siento agotada, como una anciana que llega al final de su vida intentando correr marathones...

Enciendo la cam y me observo... veo arrugas, el pelo lacio, ojeras que llegan más lejos que los ojos que miran; una boca pequeña que se cierra para no decir, para no sacar, para guardar esas pequeñas cosas que pesan en la frente...

Y entonces, de repente, en la pantalla aparece su imagen: un hombre joven y maravilloso que me mira desde el otro lado y sonríe sin darse cuenta de que soy tremendamente vieja, de que no soy la chica a la que despedía el día anterior, de que este ser que le mira desde el otro lado está cansado de tanto andar y ha vivido veinte vidas desde que se despidieron 24 horas antes.

Pero sonríe. Le da igual la imagen: sólo importa el contendo, la esencia, que no ha cambiado, que sigue inquieta, ávida, emocionada... y, de repente, desaparecen las arrugas y la boca vuelve a relajarse; los músculos de la cara se formalizan en los cuarenta años que tocan y a los ojos vuelve una mirada conocida, un brillo perfecto, una sonrisa permanente...

Me susurra algo y entonces se encienden las bombillas de los ojos, y el corazón vuelve a latir a 80, como tocaba antes, como debería tocar ahora, que rejuvenezco, que siento la piel lisa sobre pómulos robustos.

El pelo se alisa y comienza a coger formas preciosas que dejan bella ante sus ojos, ante la mirada de quien ha convertido mi apariencia, ante el hacedor de milagros.
La imagen que me devuelve la pantalla coincide exactamente con lo que vivo cuando te siento.

...desde siempre.

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