martes, 28 de febrero de 2012

Un regalo bello...



Parece que siempre que hablamos de sumisión lo hacemos presuponiendo que ponemos la vida en manos de la persona a la que nos entregamos. Y en parte es así, claro, pero sólo en parte. Me explico...

En el mundo habitual la mayoría de las personas tenemos una vida en la que trabajamos, tomamos café, nos relacionamos... sin nuestro Amo/sumisa de "cuerpo presente". 

El caso es que cuando "regalamos", cuando damos nuestra vida, no sólo ofrecemos la que compartimos con nuestro Dom o nuestra sumi, sino que también damos la otra, la de la persona que va a trabajar a veces con gana y otras con pena; la de la persona que se reúne en torno a un café para reirse o para llorar; la de la persona que anda pensativa por la calle mientras desea ferviertemente que no llueva, o que lo haga...

La vida que regalamos es una, sin matices, porque no podemos separar las facetas que nos conforman, aunque sí tengan límites corporales marcados. La vida que vivimos es una y cuando nos metemos en la cama, al final del día, en el recuento de las cosas que han de mejorarse, las que han de disfrutarse y todos los demás pequeños detalles vitales, nos encontramos con un solo cuerpo y un solo alma conjunto.

Por eso la vida que regalamos ha de ser bella en todas sus facetas. El regalo que hacemos a la persona que nos posee ha de ser precioso, lindo, maravilloso... Por eso debemos esforzarnos en hacer que cada uno de los pequeños detalles que la conforman sean bellos: para poder decir "te doy algo hermoso, maravilloso. No necesito que existas para que la vida sea bonita, sino que te deseo porque la haces aún mejor".

Hace tiempo ya que cada día me despierto intentando ser mejor persona, mejor profesional, mejor amiga, mejor sumisa, mejor amante, mejor todo... Me marco objetivos que voy valorando en el proceso: a veces los consigo; otras, sencillamente, debo seguir trabajando sobre ellos.

Puedo decir que mi vida es preciosa, porque lo es, desde siempre. Tengo esa suerte. Pero lo que realmente quiero decir es que te la regalo cada día, en cada esfuerzo que hago por mejorar, por alcanzar lo sublime, por ser bella... Tú me regalas el deseo de serlo. Yo a ti, el de intentarlo.

... desde siempre.

martes, 21 de febrero de 2012

Tu casa es mi casa


El martes que viene cerráis Bustamante. Lo sabemos desde hace tiempo, pero eso no impide que dé cierta pena pensarlo.

Esa casa ha dado mucho de sí. Supongo que como todas las que te han tenido a ti como inquilina. Ha crecido y ha menguado en numerosas ocasiones y ha albergado sentimientos, ideas, experiencias, emociones, descubirmientos, confesiones, encuentros, gemidos, quejidos...

Tú serás la misma ahí o en cualquier otro lugar del mundo. No es cuestión de ponerse ahora a pensar en lo mucho que perdemos y bla, bla, bla... Pero igual sí es momento para hacer una parada y compartir (lo mío, claro, porque de los demás sólo pueden hablar ellos)...

... La cena del postre de jabón... algunas primeras veces... las confesiones... lágrimas de liberación y de paz... Una mujer desnuda... Tu hombro apoyando el mío en el sofá, mientras abríamos el alma en canal... gintonis cargados... tres en la cama, jugando y disfrutando de la vida... cafés alargados hasta las tantas... 

Todos los momentos de Bustamante son preciosos para mi. Todos. Pero hay algunos que guardo especialmente en el lugar en que metemos las cosas que no queremos perder: el corazón. Guardo nuestras conversaciones, todas, una a una, esas en las que (por lo menos yo) iba descubriéndome y encontrando al ser maravilloso que tenía delante de mi (tú, por si hay dudas); y guardo mis encuentros con Él...

... Bustamante es un paso dado, y tendremos muchas más ocasiones de escribir sobre casas, pero no es esa la razón de teclear hoy. Es agradecerte tu generosidad, tu entrega en la amistad, tu querer, tu saber compartir, tu ser...

Bustamente es una excusa más para decirte lo importante que eres en mi vida, en la nuestra, y agradecerte que hayas facilitado la felicidad que disfrutamos.

Gracias, vida. Gracias por hacer de Bustamante una torre de Babel en la que todos teníamos cabida y en la que lo más fácil era abrazarse y ser un sólo barro con muchas formas.

Quiero Amo

... Quiero que esta noche seas mi Amo, mi Dueño, el ser por el que respiro y que concede el don de hacerlo...

...Quiero que sientas como mi cuerpo se estremece con tus manos; como los azotes que regalan a mi cuerpo hace que despierte el deseo más pronfundo, ése que se escapa a nuestro entiendemiento racional...

... Quiero que esta noche seas aún más Amo, que te adueñes de todo lo que es tuyo degarrándolo de los miedos, si es necesario...

... Quiero que mi Dueño haga música en mi cuerpo; que toques cada tecla, cada cuerda para hacer sonar en mi el jadeo, el ritmo, la voz, los sonidos animales que brotan de mi cuando deseas...

... Quiero que encuentres en mi la réplica del animal que sientes dentro; que muerdas hasta que la piel se estremezca de placer; que tus instintos se vean todos sublimados a la condición de realizados, deseados, cumplidos...

... Quiero que sientas mi cuerpo caliente atado al tuyo, ardiendo y ferviente, buscándote por encima y por debajo de sábanas, mares, suelos, techos...

... Quiero que me des la forma que deseas de manera que sea un extensión de ti mismo y que, al tocarme, al mirarme, al pensarme, veas aquello que has creado y te sientas orgulloso...

... Quiero volver a perder el sentido, a no entender nada más allá de tus palabras, de tu deseo; quiero olvidar los noes para ser siempre una afirmación rotunda y que seas tú y sólo tú quien sepa cuándo ha de acabar ese momento...

... Quiero que me sientas tuya, entera, entregada, completa, firme, rotunda, preciosa...

... lo quiero hoy y todos los hoy que me alcanza a ver el alma...

... desde siempre.

Quiero mitad


...Quiero ser la mitad de la tuya; que sintamos como el otro perfecciona aquello que, aún siendo perfecto, está incompleto...

...Quiero que las noches y los días sean todos tuyos y míos, nuestros, de esta y de otras mil maneras que descubriremos...

...Quiero que me ames, que me sueñes, que me tengas, que me pidas, que me des, que cojas...

... Quiero reirnos hasta que duelan las mandíbulas y luego decir "Te quiero" como si nada en el mundo hubiera podido existir antes de eso...

... Quiero que cocinemos juntos y las manos viajen de los ingredientes a la carne, de la carne a la sal... porque nada es, entonces, otra cosa que tú y yo y manos que dibujan en diferentes materias...

... Quiero verte sonreir mientras te ofrezco un penique, y escuchar de tu voz agravada que ya lo sabré todo, a su debido tiempo...

...Quiero que al mirarte en el espejo veas a alquien maravilloso y entiendas el porqué de este deseo infinito de ti...

... Quiero darte reiki y sentir tu cuerpo tranquilo bajo mis manos; notar tu paz y tu relajo mientras paseo alegremente por ti, por ser todo...

...Quiero que seas libre, que sientas el aire en tus mejillas, que vuelvas a casa siempre contento, que sientas todas las aventuras del día como un intrépido valiente que las supera...

...Quiero que vivas plenamente, que cada bocanada de aire te de alas...

... Quiero dormir contigo y despertarme a tu lado...

... y quiero estar a tu lado, ser tu mitad, tu Todo... como tú la mía.

jueves, 16 de febrero de 2012

La música




La música son palabras susurradas al alma.

Yo tengo un vínculo especial (como todo el mundo, claro) con determinadas melodías o canciones. Recuerdo que antes de empezar musicología pasaba horas y horas escuchando y disfrutando de muchos tipos de música. Me gustaba poner algo al azar y descubrirlo, irlo sintiendo en el corazón, en el estómago, en la cabeza, en las manos... Cada música llega a un lugar diferente. Cada secuencia hacía vibrar partes distintas del cuerpo.(Después de años estudiando parece ser que tiene que ver con la caja de resonancia y las vibraciones específicas de cada nota, pero yo sigo creyendo que es algo que trasciende lo físico).

Lo mismo me pasaba al tocar: cada obra era un mundo, un universo al que me enfrentaba con temor al principio (¡toda una partitura para mi!) e iba entendiendo la obra a medida que la estudiaba en detalle, pero tenía sentido pleno cuando ya dominaba la técnica, cuando ya las manos sabían de memoria el lugar que las correspondería en cada compás. Y entonces ya sólo quedaba entregar el alma.

Con el estudio de interpretación de obras aprendí mucho de mi vida. Descubrí, por ejemplo, que prefería andar el camino que estar ya en la meta: que me gustan los retos; que disfruto el proceso de descubrimiento y manera de hacerlo casi tanto (o más) que el resultado final; que cuando algo parece complejo hay que atacarlo nota a nota y no viéndolo como un todo insuperable... pero para eso, claro, es necesario desear la obra. (El deseo es fundamental en música. Y en la vida. Es capaz de hacernos ver lo invisible y escuchar lo silente; hace entender lo aparentemente incomprensible y, sobre todo, nos permite disfrutar de los pasos).

También aprendí a amar el cuerpo que tocaba. Recuerdo que cuidaba mi instrumento como si fuera mi propia vida. Viajaba con él aunque supusiera no tener casi espacio en el asiento, pero siempre iría mejor a mi lado que en un lugar frío al que probablemente llegaría después de un inocente maltrato. Cuando lo tocaba en realidad acariciaba cada una de sus partes, disfrutaba de su textura, de mover mis dedos por los trastes, de sentir las cuerdas bajo las yemas haciendo callo, haciendo vida...

En el estuche puse una pegatina que me enamoró: en ella se veía el dibujo de un divertido chico pelirrojo diciendo "Yo hago música, y ¿tú?". Aquello me llegó al alma, porque no siempre la hacemos. A veces sólo ejecutamos nota tras nota, de manera certera y exacta, pero sin alma.

Pero es que la música es sólo eso: alma. Cuando interpretamos una obra ponemos en ella algo de nosotros, de ese proceso que hemos vivido hasta llegar a formar parte de ella como ella de nosotros; ponemos lo que vivimos y lo que sentimos; lo que deseamos, lo que soñamos...

La vida es igual: podemos ejecutarla o vivirla. Podemos disfrutarla o sufrir por llegar al final gloriosamente.

Yo, sinceramente, me quedo con el camino, con las risas, con las dificultades, con las lesiones, con la alegría de cada frase bien tocada...

Al fin y al cabo... la vida se diferencia de la música en que (en principio) sólo tenemos una y merece la pena disfrutarla.

Yo ahora tengo mi propia melodía en estudio: cada día le dedico muchos ratos, muchos pensamientos, muchas emociones, mucha alma... Cuido y venero su cuerpo; intento atender a cada uno de los detalles de la obra; disfruto del camino aunque a veces toque sufrir porque, sencillamente, eso también forma parte de la música; vivo emociones... A veces miro la partitura y siento el infinito ante mi; otras, me conmueve lo más profundo de mi ser; algunas, me quedo horas y horas en un detalle que considero impresindible para interpretar correctamente. Y otras es ella la que me pide que haga algo. Las obras son así: con vida propia.

Y, al final,  siempre nos hacemos música.

...desde siempre.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Límites

Una ha pensado desde hace tiempo que no tiene límites... juassssssss... La cosa es que sí, que los tengo. No son muchos ni radicales, ni tremendos, ni de esos que al resto del mundo le parecerían normales, no. Resulta que mi límite, el que hace que se me pongan los pelos como escarpias es, sencillamente, permanecer inmortalizada en imágenes "comprometidas".

Me da igual que sean en movimiento que estáticas.

Lo peor de todo es cómo he llegado a la conclusión de tenerlo. Os cuento...

Soy una mujer vergonzosa. Es curioso porque también soy tremendamente osada y descarada, pero a veces, sobre todo cuando estoy con gente que me importa, me sale un ramalazo de pudor que me sonroja hasta las patillas. Siempre he sido así, de manera que tampoco es que ahora me vaya a llevar las manos a la cabeza lamentándome por ello. De hecho, hubo una época de mi vida en la que no me sonrojaba y, sinceramente, lo eché de menos.

El caso es que a veces puede parecer que me cuesta hacer cosas por vergüenza. En ocasiones es cierto, pero en la mayoría obedece a otras razones.

Lo de masturbarme por cam, hacerme fotos en las que se me vea hasta el alma o cualquier otra cosa de este tipo que pueda ser asociada a mi persona... uffffffff. No es el hecho de hacerlas, que me encanta, me parece maravilloso, me divierte, sonrío al pensar en ello, cuando las miro... No. No es hacerlas, que es maravilloso, sino saber que permanecen, que pueden llegar por cualquier terrible circunstancia del destino, a caer en manos de alguien que las publique y haga daño. No viviría tranquila si mi mariposa se encontrara un día con esas fotos de manera pública.

El caso es que hoy me he acordado de una frase que me decía mi hermana pequeña: "Si no existen, no hay posibilidad"... Y me he dado cuenta de que esa frase, que llevo oyendo desde que tengo memoria auditiva, se ha grabado en mi alma, en una zona de mi que se aleja de la razón, y me resulta difícil desterrarla.

Obviamente, al principio de cualquier relación, en los comienzos tonteantes, ni me planteo la posibilidad de permanecer en un soporte que no sea el de la vida misma, más que nada porque teniendo en cuenta ese miedo, hay que ser algo consecuente y prevenir, no vaya a ser que luego gaste demasiado en pañuelos de papel...

Pero luego, en una relación deseada, amada, querida... una quiere conservar momentos y, dado que mi memoria sólo es equiparable a la de los peces, los soportes visuales me parecen mucho más que adecuados.

Y lo hago, feliz, encantada, alegre, dichosa... Sólo puedo decir que he disfrutado con cada una de las fotos que me han sido hechas, especialmente por aquellas que ha hecho Él.

Pero...

... un día vuelve el miedo, ese que no tiene sentido, que nace de la costumbre, la tradición, los condicionamientos y se posa en el alma. "Si no existe, no hay posibilidad" me repite constantemente al oído. Y me vienen a la cabeza imágenes de alguien sufriendo por esas fotos y a mi hermana diciéndome "Es que eres gilipollas... acaso ¿no te he dicho diez mil veces que si no existe no hay posibilidad?"... Y tengo dudas, y miedo. Pierdo el sentido de la realidad para irme, con un jet privadísimo, al reducto de la imaginación desbordada. Pero me gustan las fotos. Me gusta que Él me has haga. Me gusta comentarlas. Me gusta recibirlas. Me gusta enviarlas...

Lo que no me gusta es pensar que se perderán por el limbo. Y no porque Él haga nada con ellas (¡dios meguante! ;-P), sino porque puede ocurrir algo: puede perder el teléfono, puede tener un virus, puede que alguien le hurgue el móvil y lo encuentre...

Mi fé en Él es inquebrantable, desde luego, pero no todo depende de Él. Hay cosas que ni mi mismísimo dios puede jurar que no vayan a ser.

Y me doy cuenta de que tengo un límite. No me preocuparía demasiado si no fuera porque no quiero tenerlo, pero existe.

Me gustaría creer que algún día perderé ese miedo, que la voz de mi hermana dejará de rutarme en el oído, que nunca volveré a pensar en las consecuencias (para otros) de mis actos personales.

Hoy me siento mal porque siento que mi límite crea grieta. Sé que la taparemos, pero hubiera preferido que no la hubiera.

Especialmente hoy, Señor, mi Dueño, mi mitad y mi Todo, siento tener límites. Pero también especialmente hoy espero aprender a superarlos.

... desde siempre.

domingo, 12 de febrero de 2012

El gran armario y las sorpresas que me regala


Una vez os hablé de mis amarios mágicos. La gente que ha venido a mi casa puede comprender que toda ella es uno.  Está llena de ideas, de belleza, de magia, de recuerdos, de aquello que recuerdo y de cosas para recordar...

Hoy se ha abierto uno de los cajones y... voilá... su camiseta. Ya no huele a él, porque la he lavado, pero no sé por qué extraña razón sí le tiene dentro... Es una camiseta fantasma, vacía pero llena. Cuando la miro, de repente, cobra vida y contiene un cuerpo que adoro, perfecto a mis ojos, que deseo abrazar, besar, mirar, tocar, oler...

 La miro y me sonrío. ¡Cuánta magia, cuántas cosas podría contarme si hablara!...

De repente, al lado surge un pantalón que conozco, pero no me pertenece... ¡¡¡halaaaaaaaaa!!! Sorpresa doble. Huele a colonia porque también ha pasado por la lavadora. Se me dibuja un gesto travieso en la cara pensando en todo que quiero hacer dentro de él, en todos los besos que ha observado, en que siento que reconocería mis manos entre millones...

Lo poso al lado de la camiseta fantasma. En realidad comparten cuerpo, así que estarán bien juntos.

Voy a colocar el resto de la ropa recién planchada y... algo más...

Me encanta que olvide cosas en casa. Me encanta saber que volverá y las encontrará. Porque ésta es también su casa; porque este armario gigante también es suyo; porque la felicidad reside, a veces, en estos pequeños asaltos de cercanía.

Y porque, sencillamente, siento que está, pero no en este momento.
...desde siempre.

miércoles, 8 de febrero de 2012

El cansancio...



Hoy es miércoles, ya jueves. Día especial porque (¡por fin!) he descansado en casi todos los sentidos. Llevo tiempo necesitando horas extra de sueño y de paz...

No siempre podemos hacerlo. No siempre podemos cerrar los ojos e irnos al cine de las sábanas blancas a ver cinco sesiones seguidas... No siempre podemos tumbarnos en la cama y sentir el cuerpo encima de ella, feliz del reposo.

No siempre podemos apagar el interruptor del ajetreo, de la vida, de las emociones, del trabajo, de los pensamientos, de la familia, de los compañeros, de los vecinos, de las llamadas inoportunas y de las deseadas...

No siempre podemos cerrar los ojos y viajar a cualquier lugar de la mente para, sencillamente, estar, sin más, sin ninguna otra pretensión que la de ser, allí, en ese paraíso del descanso.

Sé que hoy estás inmensamente cansado. Y me encantaría poder darte mis horas de sueño para que te aliviaras, para que al despertar sintieras toda la fuerza corriendo por ti como si nunca se hubiera encendido la luz de la batería...

Me gustaría estar a tu lado para velar tu sueño. Y cuando digo esto quiero decir taparte si te destapas, acariciarte mientras duermes (dicen que eso relaja los músculos y la mente), traer agua si tienes sed, calentar la parte que no cubre por tu cuerpo por si acaso deseas dar la vuelta bajo las sábanas... Velar tu sueño quiere decir cuidarte mientras duermes.


Ahora me voy a la cama. Cerraré los ojos y viajaré hasta tu lado. Tocaré tu pelo, besaré tu costado y calentaré tu cuerpo. No deseo que te des cuenta: lo único que quiero es que descanses y que, al despertar, sepas que la vida es mejor que cualquier sueño.

Te amo, te quiero, te deseo...

... desde siempre.