domingo, 17 de junio de 2012

Me gusta ese instante.



Lo bueno que tiene el dolor (en realidad lo que tiene todo) es que acaba pasando y en muchas ocasiones deja un regustillo a "me-dolía-pero-ya-no-me-duele" que dura segundos, mágicos y maravillosos, en los que todavía eres consciente del daño pero sin sentir la (para mi) peor de las partes.

Es una sensación de calor y de estado de gracia que pasa rápidamente, pero va asociada, inevitablemente, al después de un fustazo, un azote, un latigazo... El cuerpo volviendo a su estado natural y tú ahí, disfrutándolo, sabiendo que durará segundos maravillosos en los que queda la constancia de lo que acaba de ocurrir pero sin que tenga que suceder de nuevo.

Para mi es algo grande, maravilloso, mágico. En esos momentos cierro los ojos y sólo soy ser que siente, que nota cómo ese calorcito me invade, me llena, me asila, me refugia del dolor recién sentido.

En esos segundos no quiero hablar porque se extingue la magia. No quiero moverme. Sólo deseo estar ahí, en ese cuerpo que acaba de ser receptor y se convierte en emisor.

Me gusta.

Pensar en ello me trae sonrisas.

martes, 5 de junio de 2012

El difícil equilibrio




A veces me encuentro ante mi misma y no sé demasiado bien si lo que hago responde a mi deseo o al de Él, a lo que soy o a lo que quiero ser, a lo que me sale del alma o lo que deseo que salga...

No es un equilibrio fácil.

Sé que yo siempre soy yo, hasta cuando dudo serlo, porque mis dudas, mis actuaciones siempre salen del mismo sitio. Y porque, en casi todas las cosas de la vida, intento hacer aquellas cosas que deseo o desear las que hago, que no es lo mismo pero es igual.

El caso es que a veces veo a una persona que me cuesta reconocer, pero que me suena. La que mira y la que es vista se encuentran en el pasar del ángel y se dan cuenta de que son la misma, pero que han de llegar al equilibrio.

No es cuestión de mitad y mitad.

Es cuestión de ser feliz.

domingo, 3 de junio de 2012

Emputeciéndome


Cierro los ojos y me veo. Puta de todos, pero Suya al fin y al cabo. Me muevo de esa manera que quiero, la que incita, la que lleva al deseo a quien desea desear... Los pechos se camuflan en una tela que suspira por dejar de extinguirse sobre la piel que supura calor. Mi cuerpo emana ese olor que dice "Tómame... lo estamos deseando" y sólo pienso en Él.

Da igual que los demás miren, toquen, se empalmen... Sólo importa Él, su mirada, su deseo, sus ojos sorprendidos viendo cómo yo, que era santa, me he convertido al puticismo con la constancia de beatas de antaño.

Quien tiene que darme permiso para poder ejercer aún no ha contestado. Espero expectante e intranquila.

Sigo cerrando los ojos y me veo frente a todos y todos son Él con otras bocas, otras lenguas, otros ojos, otros cuerpos... Todos son Él pero yo ya no soy yo. Sólo carne. Tetas y coño que cogen la forma de un ser humano que coincide con ser la que antes yo veía en el espejo, pero no me reconozco. No podría ser yo sin hacerme daño.

Ahora soy ella, sherezade la puta, la que desea complacerle, la que sabe que Él quiere esto.

Disfrutaremos, Amo...