Una ha pensado desde hace tiempo que no tiene límites... juassssssss... La cosa es que sí, que los tengo. No son muchos ni radicales, ni tremendos, ni de esos que al resto del mundo le parecerían normales, no. Resulta que mi límite, el que hace que se me pongan los pelos como escarpias es, sencillamente, permanecer inmortalizada en imágenes "comprometidas".
Me da igual que sean en movimiento que estáticas.
Lo peor de todo es cómo he llegado a la conclusión de tenerlo. Os cuento...
Soy una mujer vergonzosa. Es curioso porque también soy tremendamente osada y descarada, pero a veces, sobre todo cuando estoy con gente que me importa, me sale un ramalazo de pudor que me sonroja hasta las patillas. Siempre he sido así, de manera que tampoco es que ahora me vaya a llevar las manos a la cabeza lamentándome por ello. De hecho, hubo una época de mi vida en la que no me sonrojaba y, sinceramente, lo eché de menos.
El caso es que a veces puede parecer que me cuesta hacer cosas por vergüenza. En ocasiones es cierto, pero en la mayoría obedece a otras razones.
Lo de masturbarme por cam, hacerme fotos en las que se me vea hasta el alma o cualquier otra cosa de este tipo que pueda ser asociada a mi persona... uffffffff. No es el hecho de hacerlas, que me encanta, me parece maravilloso, me divierte, sonrío al pensar en ello, cuando las miro... No. No es hacerlas, que es maravilloso, sino saber que permanecen, que pueden llegar por cualquier terrible circunstancia del destino, a caer en manos de alguien que las publique y haga daño. No viviría tranquila si mi mariposa se encontrara un día con esas fotos de manera pública.
El caso es que hoy me he acordado de una frase que me decía mi hermana pequeña: "Si no existen, no hay posibilidad"... Y me he dado cuenta de que esa frase, que llevo oyendo desde que tengo memoria auditiva, se ha grabado en mi alma, en una zona de mi que se aleja de la razón, y me resulta difícil desterrarla.
Obviamente, al principio de cualquier relación, en los comienzos tonteantes, ni me planteo la posibilidad de permanecer en un soporte que no sea el de la vida misma, más que nada porque teniendo en cuenta ese miedo, hay que ser algo consecuente y prevenir, no vaya a ser que luego gaste demasiado en pañuelos de papel...
Pero luego, en una relación deseada, amada, querida... una quiere conservar momentos y, dado que mi memoria sólo es equiparable a la de los peces, los soportes visuales me parecen mucho más que adecuados.
Y lo hago, feliz, encantada, alegre, dichosa... Sólo puedo decir que he disfrutado con cada una de las fotos que me han sido hechas, especialmente por aquellas que ha hecho Él.
Pero...
... un día vuelve el miedo, ese que no tiene sentido, que nace de la costumbre, la tradición, los condicionamientos y se posa en el alma. "Si no existe, no hay posibilidad" me repite constantemente al oído. Y me vienen a la cabeza imágenes de alguien sufriendo por esas fotos y a mi hermana diciéndome "Es que eres gilipollas... acaso ¿no te he dicho diez mil veces que si no existe no hay posibilidad?"... Y tengo dudas, y miedo. Pierdo el sentido de la realidad para irme, con un jet privadísimo, al reducto de la imaginación desbordada. Pero me gustan las fotos. Me gusta que Él me has haga. Me gusta comentarlas. Me gusta recibirlas. Me gusta enviarlas...
Lo que no me gusta es pensar que se perderán por el limbo. Y no porque Él haga nada con ellas (¡dios meguante! ;-P), sino porque puede ocurrir algo: puede perder el teléfono, puede tener un virus, puede que alguien le hurgue el móvil y lo encuentre...
Mi fé en Él es inquebrantable, desde luego, pero no todo depende de Él. Hay cosas que ni mi mismísimo dios puede jurar que no vayan a ser.
Y me doy cuenta de que tengo un límite. No me preocuparía demasiado si no fuera porque no quiero tenerlo, pero existe.
Me gustaría creer que algún día perderé ese miedo, que la voz de mi hermana dejará de rutarme en el oído, que nunca volveré a pensar en las consecuencias (para otros) de mis actos personales.
Hoy me siento mal porque siento que mi límite crea grieta. Sé que la taparemos, pero hubiera preferido que no la hubiera.
Especialmente hoy, Señor, mi Dueño, mi mitad y mi Todo, siento tener límites. Pero también especialmente hoy espero aprender a superarlos.
... desde siempre.
