Es
una de las expresiones que más me gustan del mundo. No la uso nunca,
jamás, por mero respeto a los demás (lógicamente) , ya no les iba a
sentar tan bien escucharlo como a mi decirlo, pero tengo muchas
ocasiones en que se me queda al borde de los labios y se ahoga ahí,
muertita y desesperada por ser sacada de ese calvario.
Pues
hoy me ha vuelto a pasar. Gracias a la santa paciencia que me está
siendo inculcada por la vida y debido al respeto que me merece Él (no me apetece verle en problemas con otros Dominantes por mi incontengencia verbal), hoy
me lo he vuelto a comer.
Y
me pasa como sacar la lengua (otra de las acciones que me causa
placer): cuando no me ven, lo hago. Pues eso: ahora estoy en mi casa
(este blog es así para mi), así que me quito los zapatos y la ropa, me
dejo caer en el sofá con un café y un cigarrillo, y digo:
¡Vete a la mierda!