Sé que escribo muchas veces sobre lo mismo. Probablemente es porque pienso repetidamente en las mismas cosas, o porque me da la sensación de que no termino de dar con la clave. (Y que conste que éste es un ejercicio de pensamiento, no de consciencia personal, ¿eh? :-))
Hoy he releído en el blog de mi Señor, Baalkiss, La oscuridad de la sumisa, una entrada sobre los sentimientos que una persona atribuye a haber sido "abandonada" por su Amo. Y me ha vuelto a la cabeza un pensamiento que, en realidad, nunca se ha ido.
¡Cuántas personas, especialmente de condición sumisa, creen que la relación que mantienen ha de hacer que se abandonen de ellas mismas!
Y estoy rotundamente en contra. Me explico...
... Yo supongo que cualquier relación que establecemos ha de hacernos crecer a todos los miembros de la misma. Me da igual que sea laboral, que de amistad, personal, de pareja, familiar... Sea lo que sea, la interacción con otros seres humanos ha de hacernos crecer en algún ámbito. Cuando nos sentimos mermadas, desminuídas, deterioridas... me da la sensación de que algo no va bien.
Y especialmente en las relaciones D/s, donde ponemos un todo en manos de otro Todo, ambas partes han de sentirse plenas, maravillosas, exultantes, inmensas, infinitas...
Nadie mejor que un Amo para hacerte consciente de la grandeza que entregas, del milagro que resulta de un regalo que es precioso, el mejor de los mejores (aunque sea susceptible de mejora, claro)...
Pero existen relaciones (dentro y fuera de la D/s) que llevan a uno de los miembros, o a ambos, a empequeñecerse lentamente; a mermar y mermar hasta que queda algo diminuto que casi se pierde en la inmensidad. Hay gente que lleva a otra al peligro de extinción. Y eso es lo que hace que luego la persona se sienta tan minúscula, tan perdida, tan destrozada (además del hecho de haber perdido a alguien a quien quería).
Lo terrible no es el momento del abandono (ese instante es sólo en el que una se da cuenta de su estado), sino que alguien sea capaz de dejarse llevar de esa manera sin darse cuenta y de que su otra mitad permita que eso ocurra, con o sin voluntad de que así sea.
Lo que me aterra de esas relaciones no es el momento en que eres consciente de tu peligro de extinción, sino cada ser que se ha matado antes para llegar a ese estado.





