lunes, 14 de diciembre de 2015

Para Raquel: la explicación que no me has pedido



Querida Raquel:

¡Qué fácil es vivir y qué difícil explicarlo! Desde nuestra charla siento la necesidad de intentar que comprendas (en la manera en la que se puede desde fuera) lo que es este mundo del BDsM. Me propongo una empresa que sé poco fácil de antemano, pero no por ello quiero renunciar a intentarlo.

El BDsM es una manera de disfrutar. Una, de las millones que hay. No es mejor ni peor que otras. Es la que es.

Existen dos roles definidos: el Dominante y el sumiso.(Los switch funcionan como uno u otro rol, así que no son rol en sí mismo)

El Dominante tiene como asignaciones la de hacer lo que le place, siempre teniendo en cuenta que la parte sumisa está ahí, y cuidando de esa parte como el mayor de sus bienes.

El sumiso tiene como asignación complacer al Dominante en todo aquello que éste desee.

Así de fácil sería si no hubiera más.

... Pero lo hay.

TODO lo que ocurre proporciona placer a ambas partes. Esto es lo más complicado de explicar, pero voy a intentarlo con metáforas:

- Cuando vas al gimnasio y comienzas un nuevo ejercicio, te duele hasta la parte más recóndita del cuerpo, pero te gusta la sensación porque sabes que es por algo, para algo, y esa parte puede a la del dolor.

- Cuando comienzas una dieta, el puto apio se torna parte esencial de tu comida. No te gusta, no lo comerías jamás en otra situación, pero resulta que, al masticarlo sabiendo que lo quieres (aunque no te guste), se convierte en algo agradable y deseas comer ese apio.

- Cuando te pones a estudiar una carrera (o lo que sea) que te gusta, tienes que cursar asignaturas que no son demasiado de tu agrado, pero que sabes que forman parte necesaria de lo que quieres, así que hincas los codos y disfrutas de esos nuevos conocimientos a los que nunca hubieras accedido de otra manera. A veces, incluso, descubres que esa materia que considerables horrible antes ha pasado a ser una de tus favoritas.

...

En todos estos casos, la meta es tu propio placer, tu beneficio. En el BDsM (y visto desde la parte sumisa) el placer proviene del placer del Amo. Te gusta dárselo, te gusta sentir cómo disfruta, te vuelve loca saber que le estás dando aquello que desea, aunque el hecho en sí no sea placentero per se.

Así, por ejemplo, los azotes duelen (y algunos, mucho), pero (aparte de la reacción física natural que los lleva a ser placenteros por hacer segregar no sé qué hormona) el placer de sentir al Dominante feliz, haciendo aquello que desea, y que, además, te lo está haciendo a ti... Si, a ti. Te está dedicando eso, a ti... wowowowow!!!

Cuando yo empecé en esto conocí a uno de los Dominantes con los que más he aprendido de BDsM. A mi me resultaba terrible e inconcebible que alguien que me quisiera pudiera desear infligirme dolor. Sencillamente, se escapaba de mi entendimiento. Pero él me explicó: cuando estáis en sesión, cuando él se pone "manos a la obra", la única protagonista de la historia eres tú. Te regala lo que es, lo que desea, lo que quiere.

Y, al final, ¿sabes? es verdad. El Dominante ha de tener un cuidado extremo, ha de estar pendiente de no lastimarte, de tus reacciones, de tus palabras (ahora te cuento lo de la palabra de seguridad).

Un Dominante no se lanza como pollo sin cabeza sobre una sumisa (no debería, al menos) a darle hasta reventarla. Noooooooooo. Las cosas van despacio y de manera tranquila. Atentos el uno al otro, intentando acompasar los acordes a la música de la que viene cada uno para llegar a hacer una melodía consonante y armónica.

La sumisa se siente inmensamente cuidada y bien. No parece tener demasiado sentido, pero es así. Y todo esto se basa en una inmensa confianza en el Dominante. Una sumisa ha de confiar, de manera plena, en Él. No puede haber dudas ni reticencias porque entonces todo se iría a tomar por el saco. Has de saber, a ciencia cierta, que no hará nada que te lastime, y que cuidará de ti.

En este punto te paso a hablar de la palabra de seguridad. Se establece entre ambos un código (puede ser una palabra o varias) para determinar cómo te encuentras. Si la usas, todo se para. No hay reproches ni leches en vinagre. Se para y ya. Luego, más tarde, cuando todo vuelva a la normalidad, sí conviene que se hable de lo que ha sucedido para que ambos sepan dónde estuvo lo que hizo saltar y traten de reconducir esa situación. (Yo nunca he necesitado usar la palabra, si te vale de algo)

La comunicación es fundamental. El Dominante ha de saber lo que sientes, lo que piensas, qué temores te invaden, qué es lo que te gusta, qué te da placer... Todos esos ingredientes son fundamentales para poderte llevar al camino por el que Él quiere ir.

Y tú, lógicamente, como sumisa, quieres saber lo mismo, porque es la única manera de poder llevarle y seguirle por ese camino que desea.

Así que, hasta ahora, tres cosas: disfrute, confianza y comunicación.

No creas que hay mucho más, la verdad, salvo hablarte de las prácticas concretas. Lo haré, en otra entrada.

Ahora sólo quiero decirte que el BDsM es placer, alegría, disfrute, confianza y comunicación. No tiene por qué gustarle a todo el mundo la manera en la que se consigue, pero es que tampoco es obligatorio participar en esta Olimpiada.

Sólo quería decirte que me alegro de habértelo compartido, que espero que esto te ayude a comprenderlo un poco más, y que espero que tú sigas disfrutando de la vida a tu maravillosa manera, la que destilas siempre.

Un besazo.




domingo, 13 de diciembre de 2015

Aprendizaje en la renuncia


Muchas veces he emprendido empresas que intuía no llevarían al mejor de los términos. No pasa nada. En ocasiones, es el propio reto lo más interesante al margen de la consecución o no del mismo.

De cada uno de los Dominantes que me han interesado he adquirido algo y he ido mejorando parcelitas de mi vida gracias a ellos.

Con LordWunjo fueron muchas, muchas, las cosas que aprendí. Probablemente mi concepción del BDsM y la forma de relacionarse Amo y sumisa tengan bastante que ver con lo que viví a su lado. La capacidad para sorprender al Amo,la importancia de las condiciones ambientales...

Con Baalkiss aprendí la paciencia en la espera, la digestión del ego y lo dura que puede llegar a ser una sesión. También aprendí que no siempre se puede alcanzar aquello que se desea si la comunicación no es fluída.

Y luego, aquellos Dominantes que me han atraído... De ellos también. No pueden quedar al margen de esos descubrimientos.

Ahora, en este momento, me toca aceptar que hay gente que no desea comunicarse, que hay que saber retirarse a tiempo para no resultar una carga, y que siempre se debe desear lo mejor, aunque suponga que no sea a mi lado.

Desde aquí, a fecha de hoy, así lo hago. O lo intento, que no es lo mismo, pero es igual.

Besos de lunes de aprendizaje en la renuncia.

martes, 8 de diciembre de 2015

Atracción



No hace demasiado que lo conozco, y probablemente tampoco hace falta más para que me guste. Me siento cómoda a su lado. Sigue mis bromas y soy capaz de entender las suyas. Serio en una formalidad que me vuelve loca. Inteligente y agudo. 

Me atrae sobremanera.

Y, como si fuera una adolescente de hormonas locas, hoy he deseado besarle, pero he bajado la mirada. ¡Cómo me jode ser así a veces!

Porque, en realidad, no es un beso lo que deseo... noooooo. Me muero de ganas de estar a su disposición, atada, mermada en lo físico, para que Él disponga lo que desee...

¡Anda que no pido nada! Juassssss...

Es bonita la sensación de necesidad, la de impaciencia, la de deseo.

Cerrar los ojos e imaginarme siendo suya.

Igual pido demasiado hoy.

Lo dejaré para mañana ;-)

miércoles, 7 de octubre de 2015

Perdonarse



Al principio, todo es raro. Parece que estás bien y que nada te importa. Una extraña sensación de liberación y paz interior que te hace pensar que todo ha pasado ya, que el duelo ha muerto antes de que se acabara, que no vas a necesitar ese paréntesis emocional porque, en realidad, no hace falta.

Pero te equivocas.

El duelo es necesario, y también lo es pasar por esas fases tan horribles de tristeza, rencor, reproches, reconciliación y paz. La peor, sin duda, es la del rencor. Es un sentimiento arrollador, destructor, asolador... de ti misma. Destruye la belleza que, sin duda, ha habido, y construye un mundo feo y oscuro donde la alegría y los buenos momentos quedan relegados y escondidos en un profundo lugar del alma.

Supongo que es necesaria, pero... ¡tan dolorosa!

Sin embargo, de repente, después de caer en el abismo, después de haber rozado la ruindad emocional, despiertas y te das cuenta de que, sencillamente, has de pasar página, pero desde el cariño, desde el amor que sí has sentido, desde la alegría de haber vivido algo bello, aunque fuera corto, aunque no fuera eterno, aunque se extinguiera...

Y entonces, se hace la luz. Sigue habiendo un pequeño (o gran) sentimiento de fracaso, pero ya no duele. No lastima. No marca. Ya no puede hacerte daño, porque la querencia, la necesidad, la adicción, ha creado algo bello que permanece en el recuerdo, porque sonríes pensando en momentos determinados que habías castigado en la época del rencor, porque te reconcilias con quien quisiste y con quien fuiste, y, sobre todo, porque te perdonas por todas las cosas que hiciste mal, por todas las palabras que no se dijeron, por todas las disculpas que no enviaste, por todas las emociones que callaste.

Te perdonas por no haber sido perfecta. Nunca lo fuiste. Y, además, es probable que nunca lo seas. Pero tienes que aceptar que es así, que fue así, que será así.

Y que, a pesar de ello, la vida te prestó preciosos momentos que supiste vivir, gozar, sentir.

Y que esos momentos existieron gracias a otro ser imperfecto a quien siempre querrás, aunque ninguno de los dos nunca ya sea el mismo que vivió esa historia.

La despedida



Lo supo siempre. Desde que aquel libro cayó en sus manos tuvo la impresión de que acabarlo de leer supondría que la relación se había terminado. No podía explicarlo porque era una de esas emociones que no pueden traducirse al lenguaje de lo racional.

Asi que, mientras aquello declinaba y comenzaba el stacatto final, ella mantuvo el libro alejado de su vista, para no acabarlo, para no llegar a la última página de aquella historia que tanto significaba para ella.

Mucho tiempo quedó aquel libro semi escondido entre otros, pero siempre visible al alma de quien no se atrevía a darle la estocada final, el atracón, la pena terrible de acabar algo que sabía extinto, pero deseaba mantener.

Y un día ocurrió. No hizo falta acabar el libro. No pudo siquiera cogerlo entre sus manos para olerlo por última vez, para sentirlo, para ser consciente, para despedirse. Sólo ocurrió. Aquello que tanto había protegido, aún a costa de su propia razón, llegó a un camino en el que no había más salida que la marcha.

Y entonces, cuidadosamente, metió aquel libro que nunca acabaría en un sobre.

Y se lo devolvió.

jueves, 17 de septiembre de 2015

lunes, 16 de marzo de 2015

Perviérteme


Porque, a veces, es sólo cuestión de que saques de mi la parte perversa, la que permanece oculta por rigores y normas sociales;
porque, a veces, consiste en que me sienta libre dejándome ser en ti, en lo que deseas, en lo que quieres, en lo que sacas de mi más profundo anhelo;
porque pervertirme se convierte, en ocasiones, en una maravillosa razón para seguirte, y entonces visto mis mejores sedas y mis mejores alhajas para convertirme en tu puta, en tu perra, en tu-lo-que-desees.

Perviérteme. No me dejes morir siendo vírgen en lo oscuro.

martes, 17 de febrero de 2015

Las cincuenta sombras de MAru

Las cincuenta sombras de Maru
 
Mi amiga Maru es una pasada. A mi me tiene loca en cada una de las cosas que hace y que piensa. Su forma de enfrentarse a la realidad es algo asombroso: todo es natural y todo tiene una parte de risa, desde lo más trágico hasta lo más morboso.

Fuimos juntas al colegio, así que nos conocemos desde que éramos niñas. Ella sigue conservando bastante de la pureza  original de la infancia (no la que se dedica a la Vírgen mientras se llevan flores y se canta el himno con los ojos llenos de emoción, no) y eso la hace tremendamente interesante a mis ojos.

Hablamos mucho de sexo, pero en plan risa. Nunca nos hemos metido en berenjenales ni en detalles morbosos que no fueran "si me llamas esta noche no te lo voy a coger porque voy a estar con Marce dale que te pego, que los niños se quedan con la abuela".

Nada más.

Así que, por supuesto, nunca habíamos hablado de BDSM ni de nada parecido... hasta que llegó Grey a su vida. Pero él no entró por la puerta grande (como a la mayor parte de la población que conozco) a través de la literatura, no, sino  con la película. Ella, emocionada y feliz, no deseaba otra cosa que verla y experimentar, a través de sus propios ojos, la delicia con la que tanta mujer soñaba.

Me lo dijo y me invitó a ir al cine con ella. Nada podía ser más interesante que ver esa peli con Maru. Un mundo por descubrir, seguro.

El viernes (día del estreno), Maru me llamó a las siete de la tarde para quedar a las siete y cuarto. Íbamos a la sesión de las ocho. Marce se quedaba con los niños para librarse de verla, y,  como "daño colateral" tenía que cuidarlos. Le compensaba.

Cuando Marce me vio llegar a la casa me guiñó un ojo y me dijo:

-Gracias, shere. Luego me dices...

Se refería, claro, a avisarle en caso de que Maru saliera más caliente que el Coloso de la peli.

Fuimos al cine. Conducía ella. Tras varios sitios que no le parecieron adecuados, me dejó en la puerta para que comparara las entradas. No problem. Me bajé y fui a la inexistente cola . Todo iba bien. Todo perfecto. Teníamos entradas para una de las filas de enmedio.

Antes de entrar tuve que comprar detergente para el lavaplatos en el supermercado que tiene anexo el cine. Y ahí empezó el calvario de la cruda realidad.

-¿Qué vas a hacer con eso? - me preguntó.

-¿Eins?-

- Que si vas a entrar con eso en el cine. Es de marujas. No podemos ir a ver a Grey con detergente de lavaplatos. Quedaríamos fatal.

- ¿Con quién?

- Con Grey y con la gente que va.-

- No creo que Grey se dé cuenta, y la gente seguro que tiene otras cosas mejores que hacer.

- Que no, shere, que no. Que yo no voy a ver a Grey con detergente en una bolsa.

- ¡Hay que joderse, Maru!

- Venga, que lo llevamos al coche. ¡Hay que ver lo maruja que eres!...-

Paseíto al coche y vuelta al centro comercial. Un vino antes de empezar. La cosa se ponía aún mejor porque si Maru de por sí es una risa, con dos vinos ya no te lo puedes imaginar.

Por fin entramos en el cine. Tres pares de manos la saludan desde más arriba. Ella me comenta que menos mal que no ha ido de incóngito (¡como si pudiera!).

Y empieza la peli.

- Shere, este tío está buenísimo-ç
...
- Shere, la tía ésta es más tonta que Abundio-
...
- Shere... la pava se le quiere triscar-
...
-Shere... el pavo se la quiere triscar-
...
- ¡Que es vírgen!... Juassssss.... no se lo cree ni borracha-
...
-¡Joder con el cuarto rojo del dolor! ¡Te cagas! ¡Quien tenga que limpiar eso se acuerda de la madre del Grey para el resto de sus días!
...
- Anda... pues si parece que la gusta...-
...

Y, desde ese punto, todas las escenas tenía comentarios de la mujer que no quiso entrar con detergente porque parecía una maruja. Ejemplos:

1) Grey coge las bragas de Anastasia y se las lleva a la nariz. Las aspira y...

- ¡Qué pedazo cerdo! Si hace eso Marce conmigo, le tiro los calzoncillos de la semana pasada y ya verás cómo le huelen-.

2) En un momento determinado, Grey toma un hielo en la boca y se lo pasa a Anastasia por el cuello, bajándolo poco a poco por el cuerpo, pasando por los pezones...

- Si a mi me hace eso Marce tiene que darme la vuelta para encontrarlos...-

Y ahí sí que no pude contenerme. En medio de una escena de las más eróticas de la peli (porque no creáis que tiene tantas), explosión de risa en la fila 14.

A la salida, una de las chicas que le había saludado, para con nosotras a charlar y, tras echarnos unas risas, nos hace una confesión:

-Hace unos diez años, mi Manu, se puso romántico. Ya sabéis: cosas de esas que les dan a los tíos de vez en cuando. El caso es que, no sé cómo, consiguió un montón de pétalos de rosa y los echó en la cama. Tooooooooda la cama llena de ellos. Toooooooda. Enteeeeeeeeeera. Para que no se estropearan los había guardado en el congelador, así que cuando me eché en la cama me quedé tiesa y me salió del alma:
"Joder, Manu, mira qué eres tonto. Ahora lo recoges tú... y limpia las sábanas, ¿eh?, que eso no se quita así como así".
Como para cuartos rojos del dolor... ¡Hay que  joderse! Éste me ata con la corbata y me tienen que desatar los bomberos..."-

Volví a casa fascinada. Entre las risas, la resolución de dudas sobre términos como "fisting", las historias de mis compis y la cruda realidad, me di cuenta de que todos tenemos cincuenta sombras... aunque las limpiemos con el plumero del polvo.

domingo, 15 de febrero de 2015

Date, date, date


En las relaciones bedesemeras (en todas, en realidad) la posibilidad de felicidad o satisfacción de sus integrantes es directamente proporcional a la que tengan para darse, cada uno en su rol, en su forma, a su manera, pero hacerlo de manera total y "altruista". Me explico:

En algunas ocasiones, tendemos a asociar la entrega con una recompensa: me azotas y, de premio, me follas, o me besas, o me haces-eso-que-tanto-me gusta... Y no es que me parezca mal, ¿eh?, no es eso. La cosa es diferente. No es cuestión de enjuiciar o valorar, porque además de no deber es que no puedo. Estoy hablando de lo que yo creo (aunque lo enuncie como absoluto).

La entrega ha de disociarse del premio, por dulce y maravilloso que éste sea. Una debe dar por el placer de hacerlo, por satisfacer a la otra persona, por hacer feliz, porque su Amo así lo desea... Ése es el verdadero sentido de la entrega, la verdadera esencia de darse.

Yo reconozco que a mi me ha sido muy laborioso llegar a esta conclusión. Mucho. Durante tiempo, para mi los azotes, los fustazos, el dolor en general,  eran un paso previo, el precio que había de pagar para que la otra persona hiciera otras cosas que me complacían.

Sin embargo, llevo ya un tiempo que no es así. De hecho, creo que he pasado de Antolín a Antolón sin pasar por Antón. Intento centrarme en mi Amo sin pensar en nada más que en Él, hasta el punto de haber evitado dar rienda suelta a lo que me pedía el cuerpo en pro de lo que me pedía el alma. 

Mi deseo por Él es inmenso, cada día mayor y más profundo. Complacerle va convirtiéndose cada dia en algo más importante y este tipo de entrega me parece tremendamente valiosa. Pero, claro, es importante que se lo transmita, así que he decidido escribirle esta carta:

Adorado Amo:
Mi deseo por usted supera, con creces, todo aquello que hubiera podido imaginar antes. Ha ido creciendo cada día hasta hacerse tan intenso que me paso el día soñando con sus palabras y su cuerpo. Y mi interés por complacerse ha pasado de ser algo más "personal" a otra cosa altruista, en la que lo que importa es sólo usted.

Espero que entienda que sigue siendo el centro, el origen y el destino de mi deseo, creciente y desbordante, que me acompaña a diario.

Mi único deseo es complacerlo y verlo feliz.

Suya, siempre.



El código


Entre los muchos líos que nos armamos la gente bedesemera está el ser. Parece que existe un código de conducta universal al que tenemos que atenernos a la hora de comportarnos, tanto la parte Dominante como la sumisa, y del que no debemos salirnos si queremos pertenecer a este mundillo (y utilizo este término con respeto).

Una sumisa debe bla, bla, bla,..

Un Amo tiene que bla, bla, bla...

Si existe ese código, la verdad es que yo no lo he encontrado. Y me da rabia, oye, porque sabría muchas cosas más y podría resolver muchas situaciones tirando de sus páginas. Pero no. Unos dicen que x y otros, que y. Resulta que, si existe, es bastante contradictorio.

Al principio, cuando empecé a visitar páginas bedesemeras, tenía auténtico pánico a no hacer todo como debía, porque como estaba recién llegada necesitaba que se me aceptara, y la única manera de conseguirlo era ser "un ejemplo de conducta sumisil".

Pero esto no deja de ser parte de la vida, y en ésta la gente que tiene una esencia (la elegancia, la inteligencia, la creatividad, la belleza...) no necesita seguir pautas para demostrarla. Lo es, y punto.

Así ocurre en el BDSM: el que es, es; y que no, no. Y tampoco debería importarnos si los demás siguen nuestras reglas o se las apañan con las suyas propias. Porque, al fin y al cabo, ¿qué más me da a mi si tú haces este así o asá? Acaso ¿tienen que incidir tus actos en mi?...

Salvo en el caso de que sea otra persona en la que estés en una relación, no importa cómo hacen los demás las cosas. Sólo importas tú y el Universo en el que vives. El directo, ése que tocas y sientes... Nada más.

Tratar de seguir el código inexistente como el padre de Jack Sparrow, lleva no sé si al fracaso, pero desde luego sí a la decepción.

"Vive y deja vivir"... y yo añadiría: "Goza y deja gozar".

Respetuosos saludos de domingo carnavalero.