Las cincuenta sombras de Maru
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Mi amiga Maru es una pasada. A mi me tiene loca en cada una de las cosas que hace y que piensa. Su forma de enfrentarse a la realidad es algo asombroso: todo es natural y todo tiene una parte de risa, desde lo más trágico hasta lo más morboso.
Fuimos juntas al colegio, así que nos conocemos desde que éramos niñas. Ella sigue conservando bastante de la pureza original de la infancia (no la que se dedica a la Vírgen mientras se llevan flores y se canta el himno con los ojos llenos de emoción, no) y eso la hace tremendamente interesante a mis ojos.
Hablamos mucho de sexo, pero en plan risa. Nunca nos hemos metido en berenjenales ni en detalles morbosos que no fueran "si me llamas esta noche no te lo voy a coger porque voy a estar con Marce dale que te pego, que los niños se quedan con la abuela".
Nada más.
Así que, por supuesto, nunca habíamos hablado de BDSM ni de nada parecido... hasta que llegó Grey a su vida. Pero él no entró por la puerta grande (como a la mayor parte de la población que conozco) a través de la literatura, no, sino con la película. Ella, emocionada y feliz, no deseaba otra cosa que verla y experimentar, a través de sus propios ojos, la delicia con la que tanta mujer soñaba.
Me lo dijo y me invitó a ir al cine con ella. Nada podía ser más interesante que ver esa peli con Maru. Un mundo por descubrir, seguro.
El viernes (día del estreno), Maru me llamó a las siete de la tarde para quedar a las siete y cuarto. Íbamos a la sesión de las ocho. Marce se quedaba con los niños para librarse de verla, y, como "daño colateral" tenía que cuidarlos. Le compensaba.
Cuando Marce me vio llegar a la casa me guiñó un ojo y me dijo:
-Gracias, shere. Luego me dices...
Se refería, claro, a avisarle en caso de que Maru saliera más caliente que el Coloso de la peli.
Fuimos al cine. Conducía ella. Tras varios sitios que no le parecieron adecuados, me dejó en la puerta para que comparara las entradas. No problem. Me bajé y fui a la inexistente cola . Todo iba bien. Todo perfecto. Teníamos entradas para una de las filas de enmedio.
Antes de entrar tuve que comprar detergente para el lavaplatos en el supermercado que tiene anexo el cine. Y ahí empezó el calvario de la cruda realidad.
-¿Qué vas a hacer con eso? - me preguntó.
-¿Eins?-
- Que si vas a entrar con eso en el cine. Es de marujas. No podemos ir a ver a Grey con detergente de lavaplatos. Quedaríamos fatal.
- ¿Con quién?
- Con Grey y con la gente que va.-
- No creo que Grey se dé cuenta, y la gente seguro que tiene otras cosas mejores que hacer.
- Que no, shere, que no. Que yo no voy a ver a Grey con detergente en una bolsa.
- ¡Hay que joderse, Maru!
- Venga, que lo llevamos al coche. ¡Hay que ver lo maruja que eres!...-
Paseíto al coche y vuelta al centro comercial. Un vino antes de empezar. La cosa se ponía aún mejor porque si Maru de por sí es una risa, con dos vinos ya no te lo puedes imaginar.
Por fin entramos en el cine. Tres pares de manos la saludan desde más arriba. Ella me comenta que menos mal que no ha ido de incóngito (¡como si pudiera!).
Y empieza la peli.
- Shere, este tío está buenísimo-ç
...
- Shere, la tía ésta es más tonta que Abundio-
...
- Shere... la pava se le quiere triscar-
...
-Shere... el pavo se la quiere triscar-
...
- ¡Que es vírgen!... Juassssss.... no se lo cree ni borracha-
...
-¡Joder con el cuarto rojo del dolor! ¡Te cagas! ¡Quien tenga que limpiar eso se acuerda de la madre del Grey para el resto de sus días!
...
- Anda... pues si parece que la gusta...-
...
Y, desde ese punto, todas las escenas tenía comentarios de la mujer que no quiso entrar con detergente porque parecía una maruja. Ejemplos:
1) Grey coge las bragas de Anastasia y se las lleva a la nariz. Las aspira y...
- ¡Qué pedazo cerdo! Si hace eso Marce conmigo, le tiro los calzoncillos de la semana pasada y ya verás cómo le huelen-.
2) En un momento determinado, Grey toma un hielo en la boca y se lo pasa a Anastasia por el cuello, bajándolo poco a poco por el cuerpo, pasando por los pezones...
- Si a mi me hace eso Marce tiene que darme la vuelta para encontrarlos...-
Y ahí sí que no pude contenerme. En medio de una escena de las más eróticas de la peli (porque no creáis que tiene tantas), explosión de risa en la fila 14.
A la salida, una de las chicas que le había saludado, para con nosotras a charlar y, tras echarnos unas risas, nos hace una confesión:
-Hace unos diez años, mi Manu, se puso romántico. Ya sabéis: cosas de esas que les dan a los tíos de vez en cuando. El caso es que, no sé cómo, consiguió un montón de pétalos de rosa y los echó en la cama. Tooooooooda la cama llena de ellos. Toooooooda. Enteeeeeeeeeera. Para que no se estropearan los había guardado en el congelador, así que cuando me eché en la cama me quedé tiesa y me salió del alma:
"Joder, Manu, mira qué eres tonto. Ahora lo recoges tú... y limpia las sábanas, ¿eh?, que eso no se quita así como así".
Como para cuartos rojos del dolor... ¡Hay que joderse! Éste me ata con la corbata y me tienen que desatar los bomberos..."-
Volví a casa fascinada. Entre las risas, la resolución de dudas sobre términos como "fisting", las historias de mis compis y la cruda realidad, me di cuenta de que todos tenemos cincuenta sombras... aunque las limpiemos con el plumero del polvo.
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martes, 17 de febrero de 2015
Las cincuenta sombras de MAru
domingo, 15 de febrero de 2015
Date, date, date
En las relaciones bedesemeras (en todas, en realidad) la posibilidad de felicidad o satisfacción de sus integrantes es directamente proporcional a la que tengan para darse, cada uno en su rol, en su forma, a su manera, pero hacerlo de manera total y "altruista". Me explico:
En algunas ocasiones, tendemos a asociar la entrega con una recompensa: me azotas y, de premio, me follas, o me besas, o me haces-eso-que-tanto-me gusta... Y no es que me parezca mal, ¿eh?, no es eso. La cosa es diferente. No es cuestión de enjuiciar o valorar, porque además de no deber es que no puedo. Estoy hablando de lo que yo creo (aunque lo enuncie como absoluto).
La entrega ha de disociarse del premio, por dulce y maravilloso que éste sea. Una debe dar por el placer de hacerlo, por satisfacer a la otra persona, por hacer feliz, porque su Amo así lo desea... Ése es el verdadero sentido de la entrega, la verdadera esencia de darse.
Yo reconozco que a mi me ha sido muy laborioso llegar a esta conclusión. Mucho. Durante tiempo, para mi los azotes, los fustazos, el dolor en general, eran un paso previo, el precio que había de pagar para que la otra persona hiciera otras cosas que me complacían.
Sin embargo, llevo ya un tiempo que no es así. De hecho, creo que he pasado de Antolín a Antolón sin pasar por Antón. Intento centrarme en mi Amo sin pensar en nada más que en Él, hasta el punto de haber evitado dar rienda suelta a lo que me pedía el cuerpo en pro de lo que me pedía el alma.
Mi deseo por Él es inmenso, cada día mayor y más profundo. Complacerle va convirtiéndose cada dia en algo más importante y este tipo de entrega me parece tremendamente valiosa. Pero, claro, es importante que se lo transmita, así que he decidido escribirle esta carta:
Adorado Amo:
Mi deseo por usted supera, con creces, todo aquello que hubiera podido imaginar antes. Ha ido creciendo cada día hasta hacerse tan intenso que me paso el día soñando con sus palabras y su cuerpo. Y mi interés por complacerse ha pasado de ser algo más "personal" a otra cosa altruista, en la que lo que importa es sólo usted.
Espero que entienda que sigue siendo el centro, el origen y el destino de mi deseo, creciente y desbordante, que me acompaña a diario.
Mi único deseo es complacerlo y verlo feliz.
Suya, siempre.
El código
Entre los muchos líos que nos armamos la gente bedesemera está el ser. Parece que existe un código de conducta universal al que tenemos que atenernos a la hora de comportarnos, tanto la parte Dominante como la sumisa, y del que no debemos salirnos si queremos pertenecer a este mundillo (y utilizo este término con respeto).
Una sumisa debe bla, bla, bla,..
Un Amo tiene que bla, bla, bla...
Si existe ese código, la verdad es que yo no lo he encontrado. Y me da rabia, oye, porque sabría muchas cosas más y podría resolver muchas situaciones tirando de sus páginas. Pero no. Unos dicen que x y otros, que y. Resulta que, si existe, es bastante contradictorio.
Al principio, cuando empecé a visitar páginas bedesemeras, tenía auténtico pánico a no hacer todo como debía, porque como estaba recién llegada necesitaba que se me aceptara, y la única manera de conseguirlo era ser "un ejemplo de conducta sumisil".
Pero esto no deja de ser parte de la vida, y en ésta la gente que tiene una esencia (la elegancia, la inteligencia, la creatividad, la belleza...) no necesita seguir pautas para demostrarla. Lo es, y punto.
Así ocurre en el BDSM: el que es, es; y que no, no. Y tampoco debería importarnos si los demás siguen nuestras reglas o se las apañan con las suyas propias. Porque, al fin y al cabo, ¿qué más me da a mi si tú haces este así o asá? Acaso ¿tienen que incidir tus actos en mi?...
Salvo en el caso de que sea otra persona en la que estés en una relación, no importa cómo hacen los demás las cosas. Sólo importas tú y el Universo en el que vives. El directo, ése que tocas y sientes... Nada más.
Tratar de seguir el código inexistente como el padre de Jack Sparrow, lleva no sé si al fracaso, pero desde luego sí a la decepción.
"Vive y deja vivir"... y yo añadiría: "Goza y deja gozar".
Respetuosos saludos de domingo carnavalero.
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