viernes, 27 de enero de 2012

Para Manu.


"Pasa... te estaba esperando. Si quieres, dame la mano y te muestro mi camino"



Queridísimo Manu:

No sé cuándo llegarás, pero sé que algún día leerás estas palabras. No sé si te sorprenderá lo que veas en este blog, pero estoy casi segura de que no te pondrás la toga de juez. No sé si esperas saberme en este contexto, pero sé que seguirás mis palabras de todas maneras.


Quería darte la bienvenida, decirte que estoy a tu lado, que te quiero mucho, que la vida es bella, que yo disfruto mucho y que soy muy feliz con todas estas "locuras" que he decicido vivir.

Pasa... te estábamos esperando.

Mil y un besos y mil y un abrazos.

miércoles, 18 de enero de 2012

Beber de tu boca



Fue un día especial. Brahms había dirigido una sonata en el salón por encima de todos los sonidos que evitabas que oyera. Yo, embebida en su magia, sólo era capaz de sentir las notas y los nervios de pensar en aquello que preparabas.

El corazón latía prestíssimo, cada vez más acelerado, a pesar del pulso romántico y de la sonata de la calma.

Me cogiste de la mano y me llevaste hasta el lugar donde estaba todo preparado. Por un segundo, pensé que lo harías, que aquello sería definitivo y me dio miedo gritar tanto que todo el vecindario se enterara. Temí por ti, pero nunca por mi: sé que estoy en buenas manos.

Habías cuidado todos los detalles, todos. ¡Hasta supiste que me equivocaría en el pensamiento!

En el paraíso, olor a vida y una sola copa de vino.

Por primera vez, bebí de tus labios.

...nunca he probado un vino más dulce.

domingo, 15 de enero de 2012

Rezaré a Dios contigo


Iremos allí. Estaremo en el lugar donde ahora rezan otras personas, donde otros desean y ruegan a quien creen Todo para que se cumplan esos deseos, para que les perdonen sus faltas, para que les aplaquen la conciencia.

Iremos allí. Veremos cuánta belleza se oculta tras muros creados hace cientos de años, cuántas palabras han viajado en el tiempo, cuántos amores se han consagrado, cuántas almas se han ofrecido a un Dios padre y cuántas han ido a disculparse al castigador.

Iremos allí. Sentiremos que hubo un momento en el que las creencias daban vida o la quitaban; en el que el mejor lugar del mundo para estar era bajo aquellas bóvedas; en el que el calor, el frío y la lluvia se atenuaban bajo su protección.

Iremos alli y sentiremos que en Roma Dios también existe.

Iremos allí y rezaré contigo por esa fé que me has devuelto.

...desde siempre.

martes, 10 de enero de 2012

Shere, la distraída



Me dijo mi amiga vida que una de las cosas que no le gustan de mi es que me voy dejando todo por todas partes. Tiene razón: lo hago. A veces, me empeño firmemente en que no sea así, pero pasa algo, ocurre algo liviano que me lleva a otro pensamiento y llega el desastre del despiste.

Ahora, de verdad, estoy empezando a trabajar en ello, pero a veces se me olvida...

El caso es que me recordó (y recuerda) a un texto de Gianni Rodari, en Cuentos por teléfono y he pensado en ponerlo aquí. Y también pienso que ella me quiere a pesar de todo, a pesar de mis despistes y todas las demás cosas... Gracias, vida.

Un beso.

Juan, el distraído.

- Mamá, voy a dar un paseo.
- Bueno, Juan, pero ve con cuidado cuando cruces la calle.
- Está bien, mamá. Adiós, mamá.
- Eres tan distraído...
- Sí, mamá. Adiós, mamá.

Juanito se marcha muy contento y durante el primer tramo de calle pone mucha atención. De vez en cuando se para y se toca.

- ¿Estoy entero? Sí - y se ríe solo.

Está tan contento de su porpia atención que se pone a brincar como un pajarito, pero luego se queda mirando encantado los escaparates, los coches y las nubes, y, lógicamente, comienzan los infortunios.

Un señor le regaña amablemente:
- ¡Pero qué despistado eres! ¿Lo ves? Ya has pedido una mano.
- ¡Anda, es cierto! ¡Pero qué distraído soy!

Se pone a buscarse la mano, pero en cambio encuentra un bote vacío y piensa: "¿Estará vacío de verdad? Veamos. Y ¿qué había dentro antes de que estuviese vacío? No habrá estado vacío siempre, desde el primer día..."

Juan se olvida de buscar su mano y luego se olvida también del bote, porque ha visto un perrocojo, y he aquí que al intentar alcanzar al perro cojo antes de que doble la esquina, va y pierde un brazo entero. Pero ni siquiera se da cuenta de ello y sigue corriendo.

Una buena mujer lo llama:

- ¡Juan, Juan!, ¡tu brazo!


Pero ¡quiá!, ni la oye.

- ¡Qué le vamos a hacer! - suspira la buena mujer - Se lo llevaré a su mamá.

Y se dirige hacia la casa de la mamá de Juan.

- Señora, aquí le traigo el brazo de su hijito.
- ¡Oh, qué distraído es! Ya no sé qué hacer ni qué decirle.
- Ya se sabe: todos los niños son iguales.

Al cabo de un rato llega otra buena mujer.

- Señora, me he encontrado un pie. ¿No será acaso de su hijo Juan?
- Sí, es esl suyo, lo reconozco por el agujero del zapato. ¡Oh, qué hijo tan distraído tengo! Ya no sé qué hacer ni qué decirle.

- Ya se sabe: todos los niños son iguales.

Al cabo de otro rato llega una viejecita, luego el mozo del panadero, luego un tranviario, e incluso una maestra retirada, y todos traen algún pedacito de Juan: una pierna, una oreja, la nariz.

- ¿Es posible que haya un muchacho más distraído que el mío?
- Ah, señora: todos los niños son iguales.

Finalmente llega Juan, brincando sobre una pierna, ya sin orejas ni brazos, pero alegre como siempre, alegre como un pajarito, y su mamá menea la cabeza, se lo coloca todo en su sitio y le da un beso.

- ¿Me falta algo, mamá? ¿He estado atento, mamá?
- Sí, Juan: has estado muy atento.