Lo
normal, para cualquiera que haya navegado alguna vez, es que el viento,
ocasionalmente, se haya puesto en contra. El problema, así, de manera
general, no es precisamente de dónde viene, sino la intensidad con la
que sopla y la manera de enfrentarse a ello que tenga cada patrón,
porque hasta el viento más favorable puede convertirse en enemigo mortal
si no se actúa adecuadamente o se si se toma la decisión equivocada.
Lo que tiene que ver lo anterior con lo siguiente sólo lo sabe mi subconsciente, así que mejor no darle vueltas.
En
el foro se ha tratado muchas veces el tema del amor y el BDSM, y casi
siempre (por lo menos, mi impresión) se acaba concluyendo que el amor,
de alguna manera, "entorpece" la actuación del Dominante sobre la
sumisa, bien porque no quiere lastimarla o bien porque, sin quererlo, se
ve "abducido" por la moral social que determina que no se puede dañar
aquello que se ama.
Y
digo yo... si todos pensamos, sabemos y sentimos que los azotes, los
fustazos, las marcas, los... y las... (por supuesto, hablo de BDSM) son
una muestra de afecto y deseo que no tiene comparación... ¿por qué
entonces algunos Dominantes tienen dudas cuando el amor entra en la
ecuación?
Pues, señoras y señores, he dado con la respuesta. O con las respuestas, mejor dicho, porque tengo dos.
1)
Se acaba la pasión arrebatadora y mortal que enciende el sexo. Queda el
cariño, el amor, el cuidado... sí. No tengo ninguna duda. Pero eso de
abrasarse en el mismísimo infierno y hacerlo a gusto sólo por sentir el
placer de la fusta o la mano sobre el cuerpo de la sumisa pasa a mejor
vida en un momento determinado. No es anormal. Sucede. Son cosas que
pasan: la pasión desbordada no suele durar toda la vida.
2)
Los Dominantes no entienden, por mucho que lo expliquemos, que cuanto
más ama la sumisa, más desea que el Dominante se muestre como tal. A
veces nos callamos, sí. Muchas. Porque resulta cómodo, más que nada para
aquellas que no somos masoquistas, no tener que andar disfrutando de
cosas que, a priori, no nos atraen, y encontramos otras maneras de
placer que se van asemejando. Pero en el fondo deseamos el azote, la
fusta, la mano, la vara, la cruz, la atadura, la cera, el..., la...
La sumisa crece en necesidad de dar y recibir al mismo tiempo que el Dominante la pierde.
Curioso.
Mucho.
Y lo dicho: no piensen ni busquen tres pies al gato: no les va a valer de nada.
Saludos divagadores de madrugada de domingo.













