sábado, 31 de diciembre de 2011

Pintor de lienzos...



Él trabaja con todo el lienzo. Dibuja sobre él su idea y comienza a elaborar cada milímetro hasta que va asumiendo la forma que desea. Perfila las emociones haciendo temblar cada poro y, en ocasiones, vuelve varias veces al mismo punto porque desea realzarlo, concretarlo, darle el toque mágico que sólo Él puede otorgarle.

Cuando el esbozo está completo, comienza a pintar sobre él sus deseos: colorea de añil los mares; de rojo el alma; de lila la vida; de verde el miedo... Mezcla pigmentos con mimo, coniguiendo que cada tono sea exactamente lo que Él desea, que cada emoción salga exactamente de la manera en la que Él ha escogido.

Algunas veces el lienzo se queda mudo; los colores se apagan en la tela y es difícil saber qué pide, pero ser pintor tiene esas cosas y no desespera: vuelve al blanco y lo trabaja hasta que es la obra escondida en la materia la que brota pidiendo la luz necesaria para ser, exactamente, lo que subyace.

El pintor del alma, del cuerpo, tiene la paciencia de esperar a que surjan las luces, pero también el arrojo de no abandonar ante los blancos.

El lienzo tiene la suerte de sentir Su alma dibujando sobre él esos deseos.

El arte que surge de la comunión de ambos puede no responder a la idea de partida, pero es siempre el resultado de la magia de un viaje en compañía.

Pintor de mi cuerpo, de mi alma... 

...gracias por tu arte entregado.

martes, 20 de diciembre de 2011

Nostalgia



Echar de menos forma parte de la vida, porque echar de menos significa que hemos vivido algo precioso. Tanto que en un momento determinado preferimos pensar que fue perfecto. Pero no es así. Nunca es así. Las cosas terminan exactamente en el momento en que tienen que hacerlo. Nos alejamos de las cosas porque debemos hacerlo, porque alguna fuerza, algún motivo, nos encamina a ello más allá de lo que, en la distancia temporal, podamos recordar.

Es bonito pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero es mentira. No hay nada más bello que el ahora; nada que pueda estremecernos más que el viento, el aire, que corre hoy, que arrasa el cuerpo en este momento... Nada mejor que los rayos de sol de diciembre para decirnos que seguimos vivos y que hemos llegado a este punto por expreso deseo personal.

Echar de menos es revivir desde una perspectiva equivocada. Vemos lo que fue con los ojos de ahora, no con los de ese momento, y tendemos a agigantar los detalles preciosos, pero no nos acordamos de que hubo acontecimientos determinados que llevaron a alejarnos de ello.

A mi me sucede con muchas cosas: trabajos, amigos, amores... Pasado que es pasado. Vida que es vida. Momentos que ya no son lo que fueron, al igual que yo tampoco soy la de entonces.

Me acuerdo de una canción de Aute: "Miro el instante que ha fijado la fotografía; ríes con la timidez de quien le avergüenza en la risa. Quince años que sujeto entre mis brazos al compás del último disco robado. Nada queda en ese trozo de papel, todo es alquimia. Veo que es la prueba más veraz de que todo es mentira. Esos rostros ya no llevan nuestros nombres: son dos máscaras perdidas en la noche..."

Pero siempre... queda la música.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Quería decirte...




... que la vida junto a si se hace preciosa; que merece la pena subir montañas que nunca antes había escalado; que el cielo se ve más intenso desde que estamos juntos; que estoy aprendiendo a reconocer sentimientos que antes no tenían nombre en mi vida; que es bonito sentarme y pensar en todas las cosas que proceso; que me gusta verte sonreir; que es precioso que tengas razones para hacerlo; que no importa que en Roma no podamos visitar la torre Eiffel, porque ya hemos estado allí, una vez, la primera de muchas...

... que siento ser un desastre algunas veces; que ya me disperso menos; que me gustar estar sentada frente a ti cada noche, aunque prefiero tu carne que la pantalla; que me gusta tu voz en el teléfono, aunque prefiero los susurros que me estremecen; que sumo uno y uno y me sale un uno inmenso, infinito, aunque siempre es mejor cuando me tocas; que quiero seguir a tu lado y que seamos felices mientras tanto...

... que todo es mejor desde que estás en mi vida.

...desde siempre, Dueño de todo.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Hay sentimientos...



Hay sentimientos bellos que nos llenan de mariposas. Hay sentimientos que nos estremecen, que nos hacen temblar a millones de revoluciones por segundo. Hay sentimientos que nos llevan al final del mundo, donde sólo queda una misma, donde da igual cerrar los ojos que abrirlos porque allí la nada es todo.

Hay sentimientos que abren el corazón. Otros, la mente.

Hay sentimientos que desbordan; otros, que aplacan la ira. Algunos que la desbocan...

Hay sentimientos que nacen de saberse vivo y otros, de saberse muerto.

Hay sentimientos que abren la caja de Pandora y elevan los pies a metros del cielo.

Y hay algunos, unos pocos, que encienden bombillas...

... lamentable e irremediablemente.

lunes, 12 de diciembre de 2011

¡Mucha mierda!



Empezar un post diciendo que la vida es teatro queda mal, la verdad, pero hoy voy a hacerlo.

La vida es teatro.

Nosotros somos actores de una obra en la que vamos eligiendo el argumento. Sería algo parecido a una obra interactiva, una performance, en la que cada paso dado conduce a una serie de posibilidades y veta el acceso a otras.

El decorado sirve para ambientar pero en realidad no decide nada de la historia, salvo, quizá, que quienes protagonizan y observan crean más o menos en ello. Pero nada, oiga, que es sólo un dibujo en la pared.

El atrezzo es más de lo mismo: nos ponemos y quitamos máscaras y ropa para presentarnos de una manera determinada ante los que tenemos delante e incluso para creernos el papel que nos está tocando, pero la historia no cambia; la esencia de lo que somos es más allá de la apariencia.

El público observa y a veces no entiende nada, pero los personajes interactúan y se comunican trascendiendo las miradas curiosas y lejos de cualquier necesidad de explicación, desarrollan su historia en función de esas elecciones previas que han marcado el camino escogido.

Abrir la puerta, dar el paso, empezar una vida en los Jardines... Ensayo general permanente. Estado de gracia. Sueño, como la vida, como el teatro. Llega el día del estreno: nervios y alegría...

¡¡¡Mucha mierda!!!

Os quiero.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Los complejos físicos



Hoy hemos estado hablando algunas compañeras de trabajo sobre lo humano y lo divino y, entre bromas, unas nos preguntamos a otras (todas chicas, ¡ya ven!) qué parte de nuestro cuerpo evitaríamos enseñar en caso de poder escoger. Unas, el culo; otras, el pecho, la barriga, los pies...

Eso nos ha llevado de cabeza a hablar de lo que no nos gusta de nosotras y a mi me ha hecho pensar en algo terrible.

Todos tenemos partes de nuestro cuerpo que nos resultan maravillosas, al margen de que lo sean. Yo, por ejemplo, adoro mis pies, mi pecho y mi pelo. Me parece que son bonitos, que tienen encanto y puedo mostrarlos sin ningún tipo de pudor, más bien con orgullo, en cualquier ocasión que se precie. El resto de la gente puede que los vea como yo o no, pero realmente eso no modifica la imagen que tengo de ellos, porque me gustan, los miro y pienso en la suerte que tengo de convivir con ellos y, en cierta manera, me siento orgullosa de que formen parte de mi todo.

Pero también tengo mi pequeño "dolor": mi barriga. Al igual que con las cosas que me gustan la imagen que tengo de ella permanece al margen de lo que opinen los demás: la miro y preferería que fuera otra, más tensa, más lisa, más perfecta. Ha habido personas que han conseguido que me olvidara de mi barriga, pero sólo vida ha sido capaz de modificar mi idea de ella. En una ocasión, estando yo desnuda (jo, niña: va a parecer que sí somos lesbianas..) me tocó el vientre con inmenso cariño y me dijo:

. ¿Por qué no te gusta, shere? Es lisa, tersa y preciosa. -

Que sea, además, tamaño XL a ella, sinceramente, le parecía lo de menos.

Y aquello que me dijo con esto que hemos hablado hoy me ha llevado a una reflexión:

¿Por qué cuando nos quedamos desnudos delante de otros sólo vemos las partes que menos nos gustan? ¿por qué no nos centramos en esas que nos gustan por encima de todas? ¿por qué no mostramos con orgullo un todo que nos encanta en lugar de intentar evitar una parte que nos disgusta?...

Como en casi todas las cosas de la vida, tendríamos que cambiar el chip: construir en lugar de derribar.

Saludos de miércoles-viernes, preludio de un esperado puente.

martes, 6 de diciembre de 2011

Nunca nadie cometió tan alto error como aquel que no hizo nada porque sólo podía hacer un poco.



Esa frase, evidentemente, no es mía. He buscado en san google, pero no me devuelve respuestas, así que, de mano, les comunico que es de alguien que no soy yo.

Muchas veces pienso en todas las cosas que no he hecho, en lo difícil que sería llevarlas a cabo en el caso de que se diera la oportunidad de hacerlas y en cómo me manejaría en determinadas situaciones.

No crean que me bloqueo cuando lo pienso, ¡qué va!... En general soy mujer de retos y me gusta aceptarlos, siempre que me vea capaz de afrontar las consecuencias (por lo menos las previsibles) de realizarlos.

Pero... sí me entran dudas.

Como soy una mujer que cree firmemente en la comunicación, si ese reto implica a otras personas suelo decirles mis miedos, mis reticencias... pero no con el fin de evitar que ocurran, sino con el de avisar de en qué situación me encuentro antes de comenzar el camino, porque antes de empezar rutas desconocidas está bien que los compañeros de viaje sepan de qué punto se parte, ¿no creen?...

Pues eso: que a veces pienso que puedo hacer poco, pero nunca cometo el error de no hacer nada.

Saludos de martes-domingo en el que toca pensar que mañana ya es jueves.

Esperar


Esperar es uno de los verbos que más sensaciones evoca. Todos hemos esperado algo alguna vez, incluso muchas. A veces, puede que demasiadas.

Espererar significa una cierta actitud ante algo, un poco de intranquilidad por ese acontecimiento que intuímos, un poco de inquietud y de desvelo...

Uno puede esperar un desastre y entonces se eriza el vello, se alertan los sentidos, se dilatan las pupilas, se acelera el corazón: agudiza la parte animal para protegernos de lo que llegará.

Pero también puede esperar algo bonito; intuir belleza en ciernes, la llegada de alguien que se quiere, la llamada de alguien que se desea...

Esperar, en sí mismo, es sólo un verbo. Una puede hacer con su espera lo que le apetezca: puede disfrutarlo o echarse las manos a la cabeza; puede paralizarse o ponerse en marcha para tenerlo todo preparado.

No es lo mismo esperar un día concreto que uno indeterminado en fecha; no es lo mismo esperar a que toque la lotería que la paga extra; no es lo mismo esperar que se cumpla un sueño a esperar que no te duela la cabeza...

Esperar es esperar y, como todas las cosas de este mundo, hemos de intentar hacerlo disfrutando de ello.

Saludos de martes-sábado y de esperanza.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Confesiones



Para saber muchas cosas de mi misma lo primero que he tenido que hacer es aceptar que una es como es. Y esto no quiede decir que no deba intentar cambiar aquellas cosas que me disgustan, sino que debo partir de mi misma para llegar a mi misma.

Esto me recuerda que me debo una confesión. En realidad son varias, pero empezaré por la que me parece más inocua...

Me aburre mirar al mar.

Es una cosa que me sucede desde siempre. Las imágenes bucólicas de gente romántica mirando una bahía de ensueño sencillamente se escapan a mi capacidad de comprensión. He aprendido a vivir con ello y entiendo lo que la gente quiere decir cuando hablan del agua eterna, de los movimientos, de la paz, del encuentro con uno mismo... No sólo he aprendido a entenderlo, sino que además soy capaz de hablar en ese idioma, casi como bilingüe.

Me gusta mirar al mar un poco, un poquísimo. El ratín que tardo en empezar a sentir que hay muchos sitios mejores en los que pensar, que me tengo que planchar o el porqué de que las magdalenas que cocino no suban... ¿igual les falta levadura?... Ainsss.... que me disperso.

¿Ven? Eso me pasa. No puedo, sencillamente, sólo ver el mar.

En otras cosas me pasa lo mismo. No puedo, no me sale, no soy capaz, de observar quietamente cómo las vida transcurre sin más delante de mis ojos.

Saludos de sábado confesional.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Milagros ópticos, reflejos de ser

No sé si les pasa a ustedes, pero a mi últimamente me ocurre algo cuanto menos curioso: paso por casi todos los estadios de la vida en cuestión de horas. Tan pronto soy una niña como una señora de 103 años. Sinceramente, estoy algo desconcertada.

Les cuento...

Me siento delante de mi ordenador, cansada del día, del trabajo, de la gente que no sabe y dice, de los que saben y callan; de ir y venir; de hacer y deshacer; de arreglar lo que otros han estroperado y estropear lo que han hecho bien... Me siento agotada, como una anciana que llega al final de su vida intentando correr marathones...

Enciendo la cam y me observo... veo arrugas, el pelo lacio, ojeras que llegan más lejos que los ojos que miran; una boca pequeña que se cierra para no decir, para no sacar, para guardar esas pequeñas cosas que pesan en la frente...

Y entonces, de repente, en la pantalla aparece su imagen: un hombre joven y maravilloso que me mira desde el otro lado y sonríe sin darse cuenta de que soy tremendamente vieja, de que no soy la chica a la que despedía el día anterior, de que este ser que le mira desde el otro lado está cansado de tanto andar y ha vivido veinte vidas desde que se despidieron 24 horas antes.

Pero sonríe. Le da igual la imagen: sólo importa el contendo, la esencia, que no ha cambiado, que sigue inquieta, ávida, emocionada... y, de repente, desaparecen las arrugas y la boca vuelve a relajarse; los músculos de la cara se formalizan en los cuarenta años que tocan y a los ojos vuelve una mirada conocida, un brillo perfecto, una sonrisa permanente...

Me susurra algo y entonces se encienden las bombillas de los ojos, y el corazón vuelve a latir a 80, como tocaba antes, como debería tocar ahora, que rejuvenezco, que siento la piel lisa sobre pómulos robustos.

El pelo se alisa y comienza a coger formas preciosas que dejan bella ante sus ojos, ante la mirada de quien ha convertido mi apariencia, ante el hacedor de milagros.
La imagen que me devuelve la pantalla coincide exactamente con lo que vivo cuando te siento.

...desde siempre.