Lord Wunjo siempre decía: "El que tiene miedo, no vive; el que no lo tiene, está muerto. Hay que aprender a controlar el miedo". Y tenía razón, como en la mayoría de las cosas.
Sin embargo, el miedo es, para mi, un sentimiento tremendamente nocivo. No permite avanzar. No permite florecer. No permite que cada uno sea quien es de manera libre y absoluta.
El miedo paraliza y deja en la piel una horrible sensación de no poder ser. Nos saca lo peor de todo, nos hace consicientes de que somos mortales, de que todo pasará, por bello u horrible que sea, y seremos nada. Esa misma nada a la que nos reduce, precisamente, sentirlo.
A veces tenemos miedo de mostrarnos como somos. Intuimos un rechazo que nos dejará, temporalmente, "fuera de servicio". Pero es que las cosas son como son, y las personas, con más razón.
Debemos partir de quienes somos, de ese conocimiento (a veces doloroso) de la esencia que nos compone y, desde ahí, sin miedo, crecer.
Para ello hay que despojarse del miedo al descubrimiento y tomar conciencia de que debemos querernos y respetarnos de la manera en la que somos. Cuando encontramos algo que no nos gusta, pues a cambiarlo, como se pueda, poco a poco, entendiendo que llegaremos y que el camino puede no ser un lecho de rosas, pero tampoco tiene por qué ser desagradable.
Crecer siempre es bonito. Se parece a estudiar una obra musical: nota a nota, viendo cómo cobran sentido las frases musicales hasta formar algo más grande que acaba convirtiéndose en la obra completa. Ser capaz de hacer música es algo indescriptiblemente bello, pero caminar hacia ello es toadvía mejor.
Para poder conseguirlo es necesario perder el miedo y saber (con la certeza del corazón) que se llegará. El miedo, definitivamente, deja la magia en manos de alguien que no somos nosotros.
Un saludo dominguero.

