Hoy hemos estado hablando algunas compañeras de trabajo sobre lo humano y lo divino y, entre bromas, unas nos preguntamos a otras (todas chicas, ¡ya ven!) qué parte de nuestro cuerpo evitaríamos enseñar en caso de poder escoger. Unas, el culo; otras, el pecho, la barriga, los pies...
Eso nos ha llevado de cabeza a hablar de lo que no nos gusta de nosotras y a mi me ha hecho pensar en algo terrible.
Todos tenemos partes de nuestro cuerpo que nos resultan maravillosas, al margen de que lo sean. Yo, por ejemplo, adoro mis pies, mi pecho y mi pelo. Me parece que son bonitos, que tienen encanto y puedo mostrarlos sin ningún tipo de pudor, más bien con orgullo, en cualquier ocasión que se precie. El resto de la gente puede que los vea como yo o no, pero realmente eso no modifica la imagen que tengo de ellos, porque me gustan, los miro y pienso en la suerte que tengo de convivir con ellos y, en cierta manera, me siento orgullosa de que formen parte de mi todo.
Pero también tengo mi pequeño "dolor": mi barriga. Al igual que con las cosas que me gustan la imagen que tengo de ella permanece al margen de lo que opinen los demás: la miro y preferería que fuera otra, más tensa, más lisa, más perfecta. Ha habido personas que han conseguido que me olvidara de mi barriga, pero sólo vida ha sido capaz de modificar mi idea de ella. En una ocasión, estando yo desnuda (jo, niña: va a parecer que sí somos lesbianas..) me tocó el vientre con inmenso cariño y me dijo:
. ¿Por qué no te gusta, shere? Es lisa, tersa y preciosa. -
Que sea, además, tamaño XL a ella, sinceramente, le parecía lo de menos.
Y aquello que me dijo con esto que hemos hablado hoy me ha llevado a una reflexión:
¿Por qué cuando nos quedamos desnudos delante de otros sólo vemos las partes que menos nos gustan? ¿por qué no nos centramos en esas que nos gustan por encima de todas? ¿por qué no mostramos con orgullo un todo que nos encanta en lugar de intentar evitar una parte que nos disgusta?...
Como en casi todas las cosas de la vida, tendríamos que cambiar el chip: construir en lugar de derribar.
Saludos de miércoles-viernes, preludio de un esperado puente.
