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jueves, 17 de noviembre de 2011

Harta

¿Por qué los seres humanos tenemos ese tremendo sentido de la pérdida? ¿por qué no podemos entender que alguien puede haber escogido una cosa al margen de nosotros? ¿por qué no podemos apoyar a quien tanto queremos en una decisión que nos excluye? ¿por qué no podemos, sencillamente, desear que la otra persona sea feliz, al margen de que las causas que le lleven a ello no tengan que ver con nosotros?...

Cuando ocurren estas cosas (¡y ya van dos a lo largo de la semana!) a mi me entran ganas de parar el mundo y bajarme; me nace una imperiosa necesidad de salir volando y desaparecer un ratito del mundo, hasta que sea capaz de entenderlo todo, hasta que llegue al equilibrio del bien y el mal en mis pensamientos y recuerdos.

Todas las relaciones que hemos tenido han pasado por momentos mejores y peores. Por definción. Porque las cosas tienen que ser así. Porque no pueden ser de otra manera.

Y, sin embargo, cuando entramos en esa guerra de hacer daño, de molestar, de morir matando a quien queremos, empiezan a desdibujarse las que estaban fijadas con sonrisas y resaltan en un luminoso las bañadas en pena. 

Por eso me gustaría, en esos momentos, salir volando: para poder verlo todo desde otra perspectiva, para poder entender qué nos lleva a ese deseo de infelicidad ajena cuando se está al margen de nosotros.

En fin... pensamientos de jueves cansado, post otra vida y pre descanso.