domingo, 26 de mayo de 2013

Las consecuencias de dejar de fumar

Sí: por lo menos por ahora, parece que lo he consguido. No fumo. ¡¡¡Bieeeeennn!! Pero no. Definitivamente, no.

Al supuesto primer estadio de estrés (que no he sufrido gracias a la medicación) resulta que sí le acompañaba un terrible insomnio que me tiene más frita que a los pollos del Kentucky. Pero ahí no acaba todo: como me costaba mucho descansar, he decidido reducir la dosis medicamentosa, de manera que donde antes eran dos ahora es una. Y ¡¡¡halaaaaa!!! sigo durmiendo mal, pero además tengo ansiedad y no paro de comer, amén de que, de vez en cuando, me fumaría hasta la hierba del campo... si tuviera papel donde envolverla.

Así que mi super experiencia está convirtiéndose en un reto. Lo era antes, sí, pero... ¡joooo! se supone que el dormir era sagrado.

Como no duermo bien me paso el día bostezando, triste y lastimera como Calimero y con ganas de que llegue la mañana siguiente para que haya pasado un día más. Desde luego, no parece el mejor plan de vida del Universo, pero es lo que hay.

A ver si mañana, que es lunes y el primer día del resto de mi vida, comienzo a dormir bien del todo, dejo de comerme a mi madre por las patas y esta tristeza que me ha invadido se marcha a tomar por donde amargan los pepinos.

Que sí, que ya toca: no fumar me abre un mundo de respiraciones y aromas, es verdad.

Pero si me quita la alegría no compensa.

¡Feliz semana!

miércoles, 22 de mayo de 2013

Un penique por tus pensamientos...

(Un penique por tus pensamientos. Cinco dólares si son guarros).

Muchas veces me pregunto qué está pensando en un momento concreto otra persona. No me suelo referir a ideas filosóficas, o a hechos concretos, sino a momentos especiales. Me gustaría poder meterme en la cabeza de la persona que tengo enfrente y sentir lo que siente, pensar lo que piensa, desear lo que desea...

Me pasa mucho, muchísimo, cuando yo pienso en algo concreto y quiero saber si Él también lo hace. Especialmente aquellas cosas por la que se pueden pagar cinco dólares. Cuando quisiera cogerle y metérmelo en la boca, saborearlo, lamerlo, degustarlo...

O cuando deseo (en silencio, pero ansiosamente) que me folle contra cualquier sitio, de manera inesperada y sorpresiva (claro que, si lo estoy pensando, muy sorpresivo no será...)

También me sucede cuando estoy triste o algo me preocupa. Me gustaría saber qué ocupa su cabeza, si comparte la emoción del momento o mis palabras oscurecerán ese instante...

He descubierto que exite "the nothing box", que es una caja en la que los hombres (género masculino) tiene nada dentro. Les sirve para refugiarse en ella y no tener nada en la cabeza.

Yo la he usado sólo en contadas ocasiones. Casi siempre hay algo en mi mollera. Por desgracia o por suerte. Mi don y mi maldición...

Sólo a veces, en sus brazos, en sus manos, bajo Él, lo olvido todo, abro "the nothing box" y siento.

Sólo sentir...


martes, 14 de mayo de 2013

Mi collar es para que me guíes

De entre todas las funciones que puede tener un collar, la que ahora se me viene a la cabeza mas a menudo es la de enlace, guía entre quien posee y su posesión.

Hay más, claro: muchísimas, pero para mi cabecita últimamente ésa es el Leit motiv constante.

Cuando dejas que alguien te guíe (es más: cuando deseas que lo haga) es porque consideras que lo hará por buen camino. Probablemente por el mejor de los posibles. Quizá hasta por uno mejor que el que hubieras escogido tú. O no. A saber...

Pero la fé que depositas en la persona a la que cedes esa capacidad, a la que dejas y ruegas silente que te traiga y lleve a su antojo, esa fé es inmensa, al igual que la devoción que le profesas.

Dejar que alguien ponga un collar en tu cuello es algo grande porque significa, literalmente:

"Llévame donde quieras y de la manera que te parezca. Iré encantada de seguirte".