Así ha estado mi vida en los últimos días. Una tormenta en ciernes, preludiada por momentos de no saber qué pasaba, dónde ir o qué estaba sucediendo en mi interior. A veces, un calor intenso que empapaba el alma y predicaba el rayo que ha llegado.
En mi viaje a Madrid revelé cosas que tenía dentro, pero todavía quedaban muchas que descubrir, claro que yo no lo sabía.
No es que me haya negado nunca las cosas que me han sucedido, ¡faltaba más!, pero sencillamente no las recordaba. Sin embargo, desde las confesiones con maría todo se ha ido precipitando.
Ayer volví a hacer meditación. Llevaba tiempo sin dedicarme a ello y ha sido el último de los detonantes. Hoy ha venido a mi presente la pieza que faltaba del puzzle, algo que da sentido a acciones y reacciones de gente que no soy yo, pero a la que quiero tanto que forman parte de mi como yo misma.
Y ha sido un día en el que ha tocado digerir. He llorado intensamente(¡madre, en estas dos últimas semanas he llorado más que en los últimos seis años!) y lo he hecho de esa manera en la que dejas que las lárgimas se lleven lo que quiera que sea que sientes. No era pena, ni lástima, ni nada que se pueda asociar a ello. Eran lágimas, sin más. Sentimientos pasados emergiendo por ojos presentes.
Me ha sentado bien llorar. Al principio era el llanto tímido de quien no quiere ser descubierto, de quien en realidad no quiere descubrirse, pero luego ha explotado dentro, se ha derramado... el milagro de la curación de la memoria.
La vida, mi maravillosa vida, no cambia por ser consciente de algo pasado. No. Es preciosa en sí mismo, con la gente que siento, con la que me siente, con los que vienen, con los que van, con el trabajo, mi mariposa, mi luz, mis todos...
No importa que en un momento determinado las cosas fueran como hoy las he descubierto. En realidad, el pasado ya no tiene sentido. Lo que importa es que hoy entiendo cosas y ésas me llevan a entenderla a ella y a mi, en esa extraña relación que tenemos desde siempre; en ese amor-odio que hoy tiene componentes de culpa.
Mi vida es preciosa. Lo ha sido siempre.
Incluso hoy, que he llorado intensamente.
Ahora siento que se acabó la noria... por fin.
Señor Baalkiss, vida: gracias a los dos por haberme acompañado en el recuerdo. Brindaremos por saber que todo vale sólo en función de lo que nos acerca o aleja de aquellos a quienes amamos.
Os quiero.

