Hay días que una se despierta con la firme convicción de que todas las cosas de este mundo irán bien. Y resulta complicado que venga algo y lo estropee, ¿no creen?
Pues eso me ha paado hoy. Este precioso lunes que promete una semana halloweeniana, llena de nervios y miedos aflorando a la pequeña superficie, ha empezado con un coche que se niega a arrancar, con la necesidad de faltar al trabajo por ese mismo coche terco y con la convicción de que el día, a pesar de todo, iría de maravilla.
Después de dejar el coche en el taller he tenido que andar, bajo una pequeña lluvia, hasta la parada de autobús más cercana que (gracias a lo que sea) no estaba demasiado lejos. He cogido un autobús del que sólo conocía el origen y el destino (¡que no es poco!) y eso me ha dado la oportunidad de conocer un camino que nunca antes había visto.
Al llegar a lo que me ha parecido el lugar más adecuado, me he bajado, con la esperanza de encontrar un taxi en el sitio en el que antes tenían parada, pero las obras de la ciudad lo han desplazado (o comido, porque no he encontrado la alternativa por vueltas que di), así que me he ido andando hasta la parada de autobús que (¡con suerte!) me llevaría a casa.
A partir de ahí todo ha empezado a ir mejor (no es que antes fuera mal, no se equivoquen, es sólo que no era lo planeado).
Hacía mucho que no iba por esa calle, la de mi adolescencia, la de los paseos al insituto, la de los piropos de los obreros, la de las clases omitidas, la de los cafés de novios, la de las primeras manos bajo la camisa...
Hoy estaba diferente. Han comenzado a construir donde fuera el lugar de refugio; han cambiado la tienda de golosinas por un todo a 100; la cafetería es ahora menos cutre y más lejana... Y yo, la que miraba desde el autobús, sorprendida de que todo eso haya pasado sin haberme dado cuenta.
El camino de regreso.. ese que recorrí mil veces pensando en música, y en chicos, y en exámanes... Ese paisaje maravilloso sigue invariable. Hoy, día gris en mi pequeña tierra, han vuelto recuerdos de quién fui y de personas que quise.
Hoy, día de lluvia y de pequeños motivos para la desazón, sin embargo, me ha encantado descubrir que hay cosas que nunca cambian en nuestro interior.
Besos de lunes prometedor.
