Llevaba tiempo registrada en una página de contactos bedesemera. Allí tenía (y tengo) un blog en que me dedicaba a escribir pensamientos y demás cosas locas que se me pasaban por la cabeza. Una de esas actividades que te liberan de pensar a la vez que te llenan de ganas de seguir escribiendo por el mero placer de hacerlo (que ya es bastante).
En una de esas épocas que todos tenemos de escritura complusiva, en medio de una vorágine de nuevas emociones y redescubrimiento de amigos (aunque igual he usado mal el término, porque en realidad fue alguien a quien conocí como si fuera por primera vez), llegó un Dominante nuevo a la página. Él también tenía un blog. A mi me gustaba leerlo, especialmente cuando hablaba de sus emociones y de sus vivencias. Era un hombre gráfico al que lo visual le llamaba especialmente la atención y siempre empleaba dibujos y fotos en las entradas que me gustaba mirar.
Yo le veía en el chat. No hablábamos, pero no saludábamos y parecía un hombre amable.
Comenzamos a dejarnos mensajes en el blog del otro: odalisca, niveles, frases con intención pero sin desvelar demasiado que existía... Me gustaba el juego. Era divertido que alguien permaneciera en las palabras sin abandonarlas.
Un día en el chat me saludó como en nuestras bromas. Sinceramente, yo pensaba que no sabía demasiado bien quién era yo, pero resultaba que sí. Ese chico me llamaba poderosamente la atención y, por un segundo, quise que habláramos. Y así fue. En el general, proseguimos con bromas y demás menesteres, hasta que se abrió una ventana en mi pantalla. ¡¡¡Era él!!! Necesitaba saber algo del funcionamiento de los blogs, pero nada de lo que yo decía parecía valerle, probablemente porque no es lo mismo añadir entradas a un blog que recomenzarlo. No lo sé. La verdad es que tampoco importa. No hubo flirteo. No hubo nada. Sólo preguntas corteses y respuestas amables. Eso aumentó, de alguna manera, mi interés en Él.
Al día siguiente, o chiquicientos días más tarde, volvimos a coincidir y esta vez quería hablar con él un poco más, quería entrar en temas más personales, aunque no fueran definitivos (of course!), así que abrí un privado. Saludos amables, palabras corteses y bla, bla, bla... hasta que mis manos (¡traidoras ellas!) escribieron un "La verdad es que sí tengo intención de ligar contigo", que me dejó sorprendida hasta a mi. Él no reaccionó. Bien. Mal. ¿Qué pasa aquí? :-S
Seguimos hablando y hablando. Comenzamos a hacerlo de manera frecuente y en uno de mis viajes a su ciudad, quedamos. La cosa se complicó ligeramente porque hubo una comida que se alargó y le llamé para ver si era posible postponer la cita. Él me dijo que no podía ponerla más tarde, pero que no me preocupara porque no le importaba dejarlo para más adelante. Él sabe lo mucho que agradecí esa generosidad, porque aquella fue una comida maravillosa y muchas de las cosas que ocurrieron después llegaron, precisamente, de la libertad de aquel día, de la maravillosa sensación de poder disfrutar de la vida.
Dos semanas más tardes quedamos y nos vimos. Fue en una casa que encoge y estira. Fue en una casa mágica, pero eso es otra historia que os contaré en otro momento. La noche fue rara, pero estuvo bien. Lo que fue maravilloso fue el día siguiente... y todos los que llegaron después.
A veces nos sentamos en la mesa de la cocina y pensamos qué hubiera pasado si Él no me hubiera abierto aquel privado o si yo no hubiera sido tan sincera...
... desde siempre.

A veces hay que lanzarse, arriesgar un poquito, aunque sea de manera impulsiva...que emocionante.
ResponderEliminarUn beso.
...Y de todos los comienzos posibles, siempre alguno será cuando debe y tiene que ser; poco importa haberte conocido en un restaurante, en un avión, en una web o en una orgía, la llamada habría sido la misma, la que es.
ResponderEliminar...Desde siempre mi amada perruca.
Y no es el destino, sino lo que somos, lo que decide quiénes nos atraen. El cómo y el cuándo son sólo atrezzo...
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