A veces me paro a pensar en las coincidencias vitales. Puede que quizá no lo sean. Puede que todo tenga un destino al que llegamos por las bifurcaciones que hemos ido escogiendo.
Lo conocí en octubre, a finales. Los meses del otoño son maravillosos porque las hojas caen camuflando penas y dejando un pequeño lugar para la melancolía en la memoria.
Nada podía hacernos pensar que aquel fuera el primero de muchos otros viajes y del más especial de todos: el que hicimos hacia un "nosotros".
Yo llegaba justa. Casi siempre me pasa lo mismo, no sé por qué. Por mucho que planee todo, siempre acabo llegando por el pelo de un calvo, pero llego. Nunca he perdido un viaje por llegar tarde y ya me he acostumbrado a ponerme en cualquier sitio. Cuando una viaja sola siempre encuentra mejores sitios. Ventajas de la soledad errante.
Al lado de la ventana, como me gusta. Se puede dormir apoyada en ella o mirar un paisaje que se funde con los recuerdos del viaje. Me encanta soñar mientras miro por ella y hacer memoria de lo que me llevó hasta allí. Un pequeño acto de reflexión en el retorno.
Él llegó poco después de que yo hubiera tomado asiento. Nos saludamos cortesmente. El motor se puso en marcha, como una metáfora vital, y yo caí rendida de sueño. Era la segunda vez en mi vida en la que tenía que viajar desde Bilbao por un cambio en la ruta. Mucho viento sur en mi tierra, decían. Y sería verdad, supongo, porque la murga de un montón de pasajeros quejándose no creo que sea plato de gusto para nadie.
El avión comenzó a coger velocidad y, antes de que dejara de tocar el suelo, yo estaba ya en el séptimo sueño. El fin de semana había sido maravilloso...
En el sueño la cabeza cogió vida propia y decidió descansar en el hombro del hombre que acaba de sentarse a mi lado. Él, amablemente, no se quejó ni se apartó.
Cuando abrí los ojos lo sonreí y me disculpé- "No pasa nada. No importa". Y volví a sonreirle, pero esta vez de manera amplia, sincera, feliz... "A mi sí me importa. Gracias a usted mi cabeza está tranquila".
Fue el principio.
Mi cabeza sigue descansado en ti. Mi cuerpo sigue reposando junto al tuyo. El viento nos llevó a estar juntos.
... A veces nos sentamos en la mesa de la cocina y pensamos en qué hubiera pasado si yo no hubiera aceptado el cambio o en si tú no hubieras tardado en despedirte...
...desde siempre.

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