La sumisión es una forma de ser.
Probablemente no exista la opción de rechazarla, porque somos lo que somos (quienes lo somos, claro) y negarlo nos convertiría en los Michael Jackon de la D/s: aparentemente blancos, pero negros en rasgos, en genética, en movimientos...
Una vez que asumimos la condición sólo nos queda reajustar los términos en cada relación que establecemos. Esta me parece una parte tremendamente difícil porque cada vez que comenzamos algo somos nuevos, a pesar de la experiencia que llevemos a las espaldas, Y tenemos que empezar de cero con heridas y alegrías antiguas, con recuerdos de preciosas marcas y dolores intensos.
A veces, y no sé si es posible en general, pero así lo he vivido yo en particular, sentimos que pertenecemos a alguien, pero esa relación de propiedad en realidad no existe. No se ha dado en absoluto. No ha habido un Amo asumiendo esa propiedad, pero esta cabeza loca que llevo sobre los hombros hace que me entregue como si sí hubiera sido. Porque además de puta a veces también soy loca y pinto las cosas del color del que me apetece verlas.
Ya ves...
Y como en todas las cosas, hay que abrir los ojos e intentar pisar el suelo. ¡Qué suerte que alguien acepte tu devoción como bonita! ¡Qué suerte que alguien te cuide y te aliente! ¡Qué suerte poder sentir con tanta intensidad! ¡Qué suerte encontrar a gente así por el camino!
... aunque no seas suya.
Me parece tremendamente generoso.
Pero hoy mi cabeza me ha parado por el camino y me ha hecho sentarme.
Agradezco cada minuto que me ha regalado; cada abrazo, cada sonrisa, cada palabra de aliento, cada mirada cómplice, cada acción aceptada, cada risa, cada todo que ha sido mucho.
Eso es inéquivocamente un *gracias* infinito.
Pero aquí me quedo. Por fin, acepto mi sitio sin maquillaje ni disfraces y me pongo en él con calma.
Ya iba tocando recalcular la ruta.

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