Al principio, todo es raro. Parece que estás bien y que nada te importa. Una extraña sensación de liberación y paz interior que te hace pensar que todo ha pasado ya, que el duelo ha muerto antes de que se acabara, que no vas a necesitar ese paréntesis emocional porque, en realidad, no hace falta.
Pero te equivocas.
El duelo es necesario, y también lo es pasar por esas fases tan horribles de tristeza, rencor, reproches, reconciliación y paz. La peor, sin duda, es la del rencor. Es un sentimiento arrollador, destructor, asolador... de ti misma. Destruye la belleza que, sin duda, ha habido, y construye un mundo feo y oscuro donde la alegría y los buenos momentos quedan relegados y escondidos en un profundo lugar del alma.
Supongo que es necesaria, pero... ¡tan dolorosa!
Sin embargo, de repente, después de caer en el abismo, después de haber rozado la ruindad emocional, despiertas y te das cuenta de que, sencillamente, has de pasar página, pero desde el cariño, desde el amor que sí has sentido, desde la alegría de haber vivido algo bello, aunque fuera corto, aunque no fuera eterno, aunque se extinguiera...
Y entonces, se hace la luz. Sigue habiendo un pequeño (o gran) sentimiento de fracaso, pero ya no duele. No lastima. No marca. Ya no puede hacerte daño, porque la querencia, la necesidad, la adicción, ha creado algo bello que permanece en el recuerdo, porque sonríes pensando en momentos determinados que habías castigado en la época del rencor, porque te reconcilias con quien quisiste y con quien fuiste, y, sobre todo, porque te perdonas por todas las cosas que hiciste mal, por todas las palabras que no se dijeron, por todas las disculpas que no enviaste, por todas las emociones que callaste.
Te perdonas por no haber sido perfecta. Nunca lo fuiste. Y, además, es probable que nunca lo seas. Pero tienes que aceptar que es así, que fue así, que será así.
Y que, a pesar de ello, la vida te prestó preciosos momentos que supiste vivir, gozar, sentir.
Y que esos momentos existieron gracias a otro ser imperfecto a quien siempre querrás, aunque ninguno de los dos nunca ya sea el mismo que vivió esa historia.

Me gusta verte disfrutar de la vida, asumir los hechos que acontecen a tu alrededor y en ti.
ResponderEliminarLa vida esta llena de momentos, asi que a disfrutar.
Besos y sonrisas
¡Cuánta razón tienes, vida!
ResponderEliminarPasado el duelo (o, por lo menos, la parte más pesada ), comienzo o recomienzo a disfrutar de todos esos momentos de los que tantas veces hemos hablado.
Estoy contenta, y la mayor parte del tiempo por "pequeñeces" que, para mi, son enormes.
Un besazo, preciosa. Mil y un besos y sonrisas para vosotros.
Ver tanta positividad y ganas de vivir aunque no conozca el trasfondo de tan truculenta historia me hace admirarte como persona y darte fuerzas desde aquí para que me sientas cerca y te llegue mi calor
ResponderEliminarUn beso
Muchísimas gracias, OSCAR. Me llega tu apoyo, y te lo agradezco. No es una historia truculenta, sino de desengaño. La vida misma.
EliminarLO interesante de todo esto ha sido descubrir una parte de mi lado feo, conocerla y saber que no deseo que salga.
Gracias, OSCAR, por pasarte por aquí y dejarme tus palabras y tu calor.
Un besazo.
Hablaremos, como lo hacemos siempre: con calma y algún rico brebaje que despierte o adormezca nuestros sentidos.
ResponderEliminarUn beso muy tierno.
Siempre tuyo
Hablaremos, lindo, como lo hacemos siempre: desnudos de prejuicios y libres.
EliminarHablaremos y disfrutaremos de la suerte de tenernos en la vida.
Te quiero, niño