viernes, 11 de julio de 2014

¡Vete a la mierda!




Es una de las expresiones que más me gustan del mundo. No la uso nunca, jamás, por mero respeto a los demás (lógicamente) , ya no les iba a sentar tan bien escucharlo como a mi decirlo, pero tengo muchas ocasiones en que se me queda al borde de los labios y se ahoga ahí, muertita y desesperada por ser sacada de ese calvario.

Pues hoy me ha vuelto a pasar. Gracias a la santa paciencia que me está siendo inculcada por la vida y debido al respeto que me merece Él (no me apetece verle en problemas con otros Dominantes por mi incontengencia verbal), hoy me lo he vuelto a comer.

Y me pasa como sacar la lengua (otra de las acciones que me causa placer): cuando no me ven, lo hago. Pues eso: ahora estoy en mi casa (este blog es así para mi), así que me quito los zapatos y la ropa, me dejo caer en el sofá con un café y un cigarrillo, y digo:

¡Vete a la mierda!

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