lunes, 28 de mayo de 2012

El castigo


Últimamente he pensado mucho en el castigo, pero no el que es impuesto desde fuera, sino en el que nos ponemos a nosotros mismos como manera de "purgar" una falta.

Si les soy sincera, creo que la dureza con la que me trato a mi misma es infinitamente más severa que la que cualquiera podría imponerme. Supongo que tiene algo que ver con el hecho de que cualquier cosa externa, por dolorosa o tremenda que sea, no deja de venir de alguien "ajeno" y, por lo tanto, puede ejecutarse sin que llegue al alma, que es donde más duelen las cosas.

También puede ser porque, como fui una adolescente bastante rebelde, aprendí que los castigos externos pasan, tarde o temprano, y sólo queda de ellos la reminiscencia que una les permite.

El caso es que cuando yo siento haber cometido un error, una falta o cualquier otra cosa que me parece imperdonable, el malestar me deja tan mal cuerpo que es ya un castigo de por si, porque tengo que vivir con ello 24 horas al día, todos los días, hasta que me reconcilio conmigo misma.

Y sería fácil si no fuera tan severa, pero lo soy. 

Una de las cosas que he descubierto de un tiempo acá es que flexibilizo las normas de manera increíble, pero no sólo para mi, sino para todo el mundo. Conmigo, claro, también. Entiendo que las normas tienen una esencia, una razón de ser que debe permanecer por encima de la propia norma y, si seguirla lastima de alguna manera esa "esencia", pues lo mejor es variarla.

Entiendo que "Law is Law" y sí: es verdad que si no se puede hacer algo legamente, pues no se debe y punto, pero como no me dedico a eso, como creo profundamente en que las cosas tienen muchas formas, aún pareciendo ser lo mismo, pues lo aplico.

Eso me lleva, inevitablemente, a saltarme normas establecidas, pero además, sin la sensación de estar haciéndolo.

Un desastre.

No sé si puedo cambiar eso. De hecho, no sé si quiero dejar de pensar en la idea que rige la norma en lugar de la norma en sí.

Saludos de lunes rebelde.

9 comentarios:

  1. Se huele a mucha culpa, respecto a lo dura con vos misma y también al tema de ley es ley y no se debe hacer. Tal vez todo radique ahí en la culpa, esa pequeña molestia que nos imponen de a poco, por suerte no se lo que es jajaja.
    una buena entrada, exponiéndote un poco, exorcisandote.

    abrazos totales.

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    1. ¡Cuánta razón lleva, caballero! La culpa es uno de los ingredientes esenciales de la infelicidad. Gracias por pasarse por aquí. Si le apetece, tenemos café recién hecho.

      Un saludo.

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    2. Amargo para mi, y si quiere traigo el mate y la convido con algo de mi lugar.

      abrazos totales.

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    3. Le preparo un café amargo. A mi me encantaría probar el mate y aquello con lo que me convide. Si le parece, hacemos la invitación extensible a quien se apunte :-)

      Un saludo respetuoso.

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    4. Hay tantas cosas para compartir en esta vida. besos totales

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  2. Más que faltar a la norma, importan sus consecuencias y el saber reconocer el fallo a tiempo con firme propósito de enmienda.

    Teniendo en cuenta tu facilidad para flexibilizarlas y que sueles hacerlo con todo, no creo que un pequeño recordatorio te sobre sherezade de cabellos rubios, pero ese no es mi poder.

    Mis saludos

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    1. Supongo que poder lo tengo yo. El truco será ponerme en disposición de emplearlo.
      Gracias por su visita. Me hace ilusión tomar café con mi primer Anónimo...

      ¿sólo o con leche?

      Las galletas las ponen los Dominantes :-P

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    2. Yo entiendo que debería tenerlo tu Amo, pero es una forma de verlo aventurera del laberinto.

      Ese café sólo y muy cargado, es un placer.

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  3. Me he perdido con ese poder, ¿es el de recordar o el de no flexibilizar?...

    Aquí tiene su café, caballero. Disfrútelo... ¿Quiere azúcar?

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