miércoles, 18 de enero de 2012

Beber de tu boca



Fue un día especial. Brahms había dirigido una sonata en el salón por encima de todos los sonidos que evitabas que oyera. Yo, embebida en su magia, sólo era capaz de sentir las notas y los nervios de pensar en aquello que preparabas.

El corazón latía prestíssimo, cada vez más acelerado, a pesar del pulso romántico y de la sonata de la calma.

Me cogiste de la mano y me llevaste hasta el lugar donde estaba todo preparado. Por un segundo, pensé que lo harías, que aquello sería definitivo y me dio miedo gritar tanto que todo el vecindario se enterara. Temí por ti, pero nunca por mi: sé que estoy en buenas manos.

Habías cuidado todos los detalles, todos. ¡Hasta supiste que me equivocaría en el pensamiento!

En el paraíso, olor a vida y una sola copa de vino.

Por primera vez, bebí de tus labios.

...nunca he probado un vino más dulce.

2 comentarios:

  1. Me dijiste que sabías, que podías leer e mis ojos como en un libro abierto, que no era capaz de engañarte, y sin embargo, cada temblor de tu cuerpo, cada una de tus aceleradas inspiraciones te demostró lo contrario.
    Sólo fue un juego, o quizás no lo fuera tanto, pues para ti no lo fue... Sé que me lo hubieras dado sin tan siqueira intentar convencerme de lo contrario, como sé que nada más te preocupaba que aparte de qué pudiera sucederme; y con todo ello me regalste una enorme y preciosa lección, la de saber que eres mía por completo, y hasta el mismo límite.

    ... Nunca he bebido vino más dulce que el que bebí de tu boca, aunque sé que lo será aun más cuando lo haga de tu cuerpo... Desde siempre

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  2. De aquella noche queda el vino, el baño, la luz, el olor, el deseo, el miedo, la paz, el placer... y saber que no siempre se sabe.

    ...desde siempre, Señor.

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