La erosión es uno de esos fenómenos que a mi me llenan de admiración. Me sorprende, sinceramente, la capacidad natural de ir desgastando algo poco a poco algo hasta darle una forma caprichosa, surgida de la constancia y de la persistencia.
Los seres humanos vamos aprendiendo de la Naturaleza y, algunos de nosotros, tienen el don de erosionar y erosionar hasta que conseguir lo que quieren. La paciencia que desarrolla el don del desgaste les reporta beneficios que al resto de los mortales no nos llega.
A mi, personalmente, no me va demasiado eso de la erosión. No va conmigo. Sólo en caso de necesidad (y no de apentencia o deseo, por grande que sea) puedo llegar a ese punto. Y no lo hago por la sencilla razón de que creo en que cada ser humano escoge en función de las cosas que sabe. Puedo considerar, tras la primera petición, que la otra persona no conoce todas las circunstancias y entonces, las explico. Si tras hacerlo siguen sin querer hacer, decir, consentir aquello que pido, no insisto. En la tremenda y terrible libertad del ser humano está implícita la capacidad de negar, y no debemos inmiscuirnos en ella, ni siquiera a través de las repeticiones sistemáticas hasta alcanzar la meta deseada.
Yo soy persistente y tenaz con aquellas cosas que deseo y dependen sólo de mi.
Cuando en algún punto entra el deseo ajeno, sencillamente, sólo me cabe explicar. Si así se entiende, bien. Sino... seguro que hay otro camino u otra opción.
En fin... reflexiones de lunes lunero cascabelero.
Saludos.

La erosión es desgaste.
ResponderEliminarA través de esa manera de dar forma también se destruye, y cuando se destruye nunca es solo lo que uno pretende.
Por donde pasaba Atila no volvía a crecer la hierba.
Nunca lo había pensado así, mannog, pero creo que tienes mucha razón: la erosión conlleva destrucción.
ResponderEliminarMuchísimas gracias por tus siempre maravillosos comentarios. Un abrazo.