lunes, 7 de noviembre de 2016

En el Universo





Vivir disfrutando de cada instante es agotador. Maravilloso pero extenuante. Un agujero negro que devora hasta dejarnos con la única esperanza de que la caja de Pandora nos mantenga alerta un poco más.

Agradecer siempre la alegría y la ilusión vivida, y dejar marchar aquello y aquellos que no desean estar junto a nosotros.

Dos claves para la libertad.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Él, la excitación y quedarme con las ganas


Había sido un fin de semana de lo más peculiar. Después de una noche loca con un maravilloso cubano, follando sin parar hasta que el cuerpo decidió que dormir también podía producir mucho placer, había quedado con Él.

Había llegado a mi hacía casi un año, pero no había posado mi atención en él hasta hacía unos días. Nos habíamos encontrado en un café de esos que hacemos a veces los pervertidos para juntarnos entre nosotros, pero en aquella ocasión no lo encontré ni atractivo ni interesante. Más bien me pareció una seta poco educada, con muchos reparos sociales y poco dispuesta a la comunicación. Un chollo, vamos :-P

El caso es que, debido a su deseo de saldar una cuenta pendiente (literalmente), habíamos quedado el miércoles anterior al fin de semana loco. La experiencia me ha enseñado que puedo citarme con cualquier persona y pasar un buen rato, pero que, si las expectativas no son muy buenas, lo mejor es que el encuentro tenga tiempo limitado, así que yo disponía sólo de una hora y media para ese café (por supuesto, Él lo sabía).

Y, ¡¡¡ufffff!!!... ¡¡¡me encantó!!! No sé qué había hecho con el chico aquel del café. Igual lo había derrotado a latigazos y escondido atado en algún lugar de una mazmorra, porque el caso es que aquel hombre sólo coincidía con el que yo recordaba en el cuerpo (y tampoco creáis que lo tenía muy fichado. Podía haberme dado cambiazo tranquilamente). Mejor dicho: en la cara. 

Agradable, interesante, con mucha conversación, inteligente, culto... Im-presionante.

Pero, claro, en el pecado llevaba mi penitencia. El hecho de haber limitado temporalmente la cita me cogió por el cuello y me obligó a marcharme.

- Quiero más - le dije.

- Eso dicen todas -

( "Eres un presuntuoso creído", pensé yo, pero lo cierto es que me daba igual: sí quería más).

Decidimos volver a vernos. No sé cómo, acabamos concretando que fuera el sábado.

Yo ya había quedado con el cubano en vernos el viernes, así que acudí a mi cita. Pasamos una noche loca y, a la mañana siguiente, volví a mi casa, feliz y contenta. Me metí en la cama y comencé a leer ese libro que tenía casi perdido con tanta lujuria y descontrol vital. No sé cómo Él y yo comenzamos a mandarnos mensajes y mi calor corporal fue subiendo y subiendo, subiendo y subiendo, hasta que no tuve más remedio que comenzar a tocarme, a masturbarme, a sentirle sin estar...

Cuarenta mil pajas más tarde, nos encontramos por segunda vez. Charla, charla, bla, bla, bla... "Interesante este hombre", pensaba yo.


De repente, sin razón aparente, comenzó a remangarse la camisa... ¡¡¡¡Dios mío!!! ¿Por qué has creado semejante placer para el alma? ¡qué buena he tenido que ser en otra vida para que el karma me traiga esta imagen a la retina! ¡Qué excitación! ¡qué ganas de estar desnuda delante de él, de rodillas, contemplando esa misma imagen a sabiendas de que luego llegará el placer enmascarado de dolor!

Tanto caí en el delirio que perdí el hilo de nuestra conversación, y, por supuesto, que se dio cuenta. Era inevitable. Quizá hasta desable.

Esa tarde fue bonita, interesante, agradable, excitante. Una puerta abierta a la posibilidad y al recuerdo. Un motivo para sonreir y estar agradecida a la vida por esos ratucos que nos regala.

Luego, fui al partido. Baloncesto. Ni juego ni entreno. Soy de las personas que se ponen detrás de la mesa y llevan el registro del partido en un acta. Ya ves: ¡de todo tiene que haber en la vida!

Los árbitros me resultan siempre de lo más excitante. La autoridad que destilan, los movimientos determinantes que obligan a obedecer, aunque no se desee... Ufffff... 

En mitad del partido, como parte de su rutina de cuidado a la anotadora, el árbitro se me acerca y, mirándome a los ojos, pregunta:

- ¿Todo bien? -  

Jodeeeeerrrrrrrr... Vale que ya iba calentita de casa, que el tío estaba bastante bien, que me ponen los árbitros, pero ¡encima me cuidas!

No os podéis imaginar cómo llegué a casa. Litros y litros de excitación derramados en la ropa, en el coche, en el ascensor, en la risa...

... Y Él, que me dijo que no me masturbara.

¿Por qué cojones quiero hacerle caso? :-O

lunes, 14 de diciembre de 2015

Para Raquel: la explicación que no me has pedido



Querida Raquel:

¡Qué fácil es vivir y qué difícil explicarlo! Desde nuestra charla siento la necesidad de intentar que comprendas (en la manera en la que se puede desde fuera) lo que es este mundo del BDsM. Me propongo una empresa que sé poco fácil de antemano, pero no por ello quiero renunciar a intentarlo.

El BDsM es una manera de disfrutar. Una, de las millones que hay. No es mejor ni peor que otras. Es la que es.

Existen dos roles definidos: el Dominante y el sumiso.(Los switch funcionan como uno u otro rol, así que no son rol en sí mismo)

El Dominante tiene como asignaciones la de hacer lo que le place, siempre teniendo en cuenta que la parte sumisa está ahí, y cuidando de esa parte como el mayor de sus bienes.

El sumiso tiene como asignación complacer al Dominante en todo aquello que éste desee.

Así de fácil sería si no hubiera más.

... Pero lo hay.

TODO lo que ocurre proporciona placer a ambas partes. Esto es lo más complicado de explicar, pero voy a intentarlo con metáforas:

- Cuando vas al gimnasio y comienzas un nuevo ejercicio, te duele hasta la parte más recóndita del cuerpo, pero te gusta la sensación porque sabes que es por algo, para algo, y esa parte puede a la del dolor.

- Cuando comienzas una dieta, el puto apio se torna parte esencial de tu comida. No te gusta, no lo comerías jamás en otra situación, pero resulta que, al masticarlo sabiendo que lo quieres (aunque no te guste), se convierte en algo agradable y deseas comer ese apio.

- Cuando te pones a estudiar una carrera (o lo que sea) que te gusta, tienes que cursar asignaturas que no son demasiado de tu agrado, pero que sabes que forman parte necesaria de lo que quieres, así que hincas los codos y disfrutas de esos nuevos conocimientos a los que nunca hubieras accedido de otra manera. A veces, incluso, descubres que esa materia que considerables horrible antes ha pasado a ser una de tus favoritas.

...

En todos estos casos, la meta es tu propio placer, tu beneficio. En el BDsM (y visto desde la parte sumisa) el placer proviene del placer del Amo. Te gusta dárselo, te gusta sentir cómo disfruta, te vuelve loca saber que le estás dando aquello que desea, aunque el hecho en sí no sea placentero per se.

Así, por ejemplo, los azotes duelen (y algunos, mucho), pero (aparte de la reacción física natural que los lleva a ser placenteros por hacer segregar no sé qué hormona) el placer de sentir al Dominante feliz, haciendo aquello que desea, y que, además, te lo está haciendo a ti... Si, a ti. Te está dedicando eso, a ti... wowowowow!!!

Cuando yo empecé en esto conocí a uno de los Dominantes con los que más he aprendido de BDsM. A mi me resultaba terrible e inconcebible que alguien que me quisiera pudiera desear infligirme dolor. Sencillamente, se escapaba de mi entendimiento. Pero él me explicó: cuando estáis en sesión, cuando él se pone "manos a la obra", la única protagonista de la historia eres tú. Te regala lo que es, lo que desea, lo que quiere.

Y, al final, ¿sabes? es verdad. El Dominante ha de tener un cuidado extremo, ha de estar pendiente de no lastimarte, de tus reacciones, de tus palabras (ahora te cuento lo de la palabra de seguridad).

Un Dominante no se lanza como pollo sin cabeza sobre una sumisa (no debería, al menos) a darle hasta reventarla. Noooooooooo. Las cosas van despacio y de manera tranquila. Atentos el uno al otro, intentando acompasar los acordes a la música de la que viene cada uno para llegar a hacer una melodía consonante y armónica.

La sumisa se siente inmensamente cuidada y bien. No parece tener demasiado sentido, pero es así. Y todo esto se basa en una inmensa confianza en el Dominante. Una sumisa ha de confiar, de manera plena, en Él. No puede haber dudas ni reticencias porque entonces todo se iría a tomar por el saco. Has de saber, a ciencia cierta, que no hará nada que te lastime, y que cuidará de ti.

En este punto te paso a hablar de la palabra de seguridad. Se establece entre ambos un código (puede ser una palabra o varias) para determinar cómo te encuentras. Si la usas, todo se para. No hay reproches ni leches en vinagre. Se para y ya. Luego, más tarde, cuando todo vuelva a la normalidad, sí conviene que se hable de lo que ha sucedido para que ambos sepan dónde estuvo lo que hizo saltar y traten de reconducir esa situación. (Yo nunca he necesitado usar la palabra, si te vale de algo)

La comunicación es fundamental. El Dominante ha de saber lo que sientes, lo que piensas, qué temores te invaden, qué es lo que te gusta, qué te da placer... Todos esos ingredientes son fundamentales para poderte llevar al camino por el que Él quiere ir.

Y tú, lógicamente, como sumisa, quieres saber lo mismo, porque es la única manera de poder llevarle y seguirle por ese camino que desea.

Así que, hasta ahora, tres cosas: disfrute, confianza y comunicación.

No creas que hay mucho más, la verdad, salvo hablarte de las prácticas concretas. Lo haré, en otra entrada.

Ahora sólo quiero decirte que el BDsM es placer, alegría, disfrute, confianza y comunicación. No tiene por qué gustarle a todo el mundo la manera en la que se consigue, pero es que tampoco es obligatorio participar en esta Olimpiada.

Sólo quería decirte que me alegro de habértelo compartido, que espero que esto te ayude a comprenderlo un poco más, y que espero que tú sigas disfrutando de la vida a tu maravillosa manera, la que destilas siempre.

Un besazo.